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Sara Orúe

Adicciones


Que levante la mano el que no sea adicto a nada. Julieta, no se te ocurre ni hacer el amago o tendré que contar a estos señores que me leen de tus turbias aficiones por las telenovelas tipo La bella desgraciada, los Phoskitos y decorar tu habitación con cosas de Kitti, la gatita que no se sabe si es más cabezona que cursi o viceversa.


Yo, lo confieso, tengo unas cuantas adicciones tan inofensivas como molestas. Por ejemplo, los kleenex. Soy adicta a los kleenex. En casa los hay por toda la casa. Cajas y cajas de pañuelos de papel estratégicamente distribuidos para que no quede ningún estornudo sin cubrir. Los prefiero de caja de cartón, porque son mas finos, ergo más suaves. Pero no le hago ascos a ningún tipo de paquete individual ni los de toda la vida, ni los doblados pequeños que ocupan menos, los de colores, los de lavanda, mentol o miel, que de todo hay, incluso los de papel reciclado. Les reto a que me pidan un kleenex cuando me vean, seguro que llevo en el bolso y no un paquete, varios.


La versión más sofisticada de los pañuelos de papel son las toallitas individuales. Pues también soy adicta. Me refiero a esas de un  papel húmedo que parece una telita húmeda y sirven para casi todo. Bueno, no es que un tipo de toallitas sirva para casi todo, es que hay muy diferentes tipos de toallita y cubren casi todos los usos. De hecho las hay para desmaquillarse, para ponerse morena, para hacerse un peeling, para lavarse las manos, íntimas (es decir, para lavarse lo que no son precisamente las manos), para sonarse la nariz sin enrojecerla, para el culito del bebé, para la carita del bebé, perfumadas paras refrescarse… Para limpiar los baños, la encimera de la cocina, el microondas y el frigorífico, los cristales de toda la casa… Para que brille el parquet, para limpiar la pantalla del ordenador, para limpiarse los cristales de las gafas. Me pirran, son rápidas, discretas, higiénicas y casi todas huelen muy bien.

Si seguimos en la línea del olor tengo que decir que soy adicta a los champús, mascarillas y geles  que huelen rico. Esos aromatizados con esencia de lavanda, aloe vera y mango, por decir algo. Hay algunos que huelen también que me los bebería. Fresas y menta, piña y jengibre, papaya y fruta de la pasión… Si me lavo la cabeza en ayunas he de hacer verdaderos esfuerzos para cerrar la boca y no probarlos. Hay uno, que va en un bote verde y se cierra con una bolita que huele igual que el yogurt de soja y frutas exóticas de mi marca favorita de yogures. Porque, señoras y señores, hoy estoy que me salgo, también soy adicta a los yogures.


De yogures sé un rato largo. Cada uno tiene su gusto y a mí personalmente me van más los naturales que los de sabores a frutas, esos no me gustan. Pero me encantan los de trozos de frutas. Y los que mezclan frutas y frutas,  frutas y cereales, cereales y chocolate, chocolate con galletas, galletas con miel… ummmm, se me hace la boca agua. Me gustan los normales, los desnatados, los extra grasos, los líquidos… Algunos líquidos son tan cremosos  y huelen también que dudo entre bebérmelos para desayunar o ponérmelos en la cabeza como si fuesen un acondicionador de pelo. ¿Saben esa historia de  “Hoy sólo ceno un yogurt”? A mí no me sirve, al menos no me sirve en singular. Si yo ceno sólo yogurt, al menos ceno dos. O tres.

—Sobri, de verdad, estás fatal. Titulas al… al… a lo que sea esto que escribes, lo titulas «Adicciones», creando en el personal falsas esperanzas, y hablas de yogures, de pañuelos de papel, toallitas y chorradas similares. ¡Ya te vale!
—Cada uno es adicto a lo que le da la gana.
—Sí, chata, pero lo que tú haces es desperdiciar las adicciones. Yo esperaba leer algo morboso y prohibido por una vez. Quizá una historia sórdida, un pasado terrible, un secreto familiar…
Tío Ra, deberías hacértelo mirar. Una de dos: O estás enfermo de la cabeza o eres adicto a decir gilipolleces. O las dos cosas, que tú eres capaz de eso y de mucho más.




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