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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Asesinato "in bibliotheca cum porta conclusa"


¡Qué extraordinario divertimento el que nos ofrece Eduardo Mendoza en su última novela El asombroso viaje de Pomponio Flato!

Estamos en la Palestina del siglo I, más exactamente en  la entonces próspera villa de Nazareth. Un viajero romano, Pomponio Flato, patricio romano perteneciente a los equites, y que no se encuentra en uno de sus mejores momentos, llega a la ciudad  acompañando un destacamento romano  que lo ha recogido por el camino casi a punto de perder la vida.

Maltrecho, y enfermo de sonoras y aerofágicas flatulencias por culpa de haber bebido agua salobre de un manantial que nuestro antihéroe creyó una de las fuentes que dan la sabiduría, y que lleva buscando con ahínco desde hace tiempo en un incesante peregrinar por los contornos del  entonces mundo conocido, se encuentra en la pequeña ciudad sin dinero, sin créditos, sin salud. En sus calles tropieza con un mocoso de orejas de soplillo que dice llamarse Jesús, hijo por más señas de un carpintero conocido como José, que está acusado de asesinar al rico Epulon en su propia casa, y al que, convicto y preso, van a crucificar en cuestión de horas.

Este niño Jesús, cuando descubre que es un ciudadano romano, lo contrata para que se haga cargo de la investigación  que demostrará que su padre es inocente, y Pomponio Flato, a cambio de unos escasos denarios, se pone inmediatamente en marcha para intentar esclarecer la verdad de los hechos y encontrar al verdadero culpable.


La vida de Brian, según los Monty Python

El resto es una extraordinaria parodia mezcla de géneros literarios que van de la novela  negra (la impecable escena de la sauna), al best seller histórico por antonomasia —Ben-Hur—, cuyo protagonista Judá interviene en la trama; de los libros clásicos de viajes a la manera de Plinio o Pomponio Melo a la épica iconoclasta de los Monty Python, todo ello entreverado con textos y pretextos  tomados prestados a los autores clásicos, a los evangelios, al Talmud, a la Biblia

La novela es también una crónica del choque de una civilización clásica ya en decadencia y llena de dioses juguetones, desvergonzados e inconscientes contra otra emergente, la judía, regida por unos principios morales y  religiosos que arbitran hasta el más mínimo resquicio de la vida individual y social.


Aquí, un amigo: Juda Ben Hur

Pomponio, hombre de gran sentido común, aristotélico hasta la  médula, chocará de frente en el cometido de su misión contra la actitud obsesiva de los judíos en general y de sus representantes, la casta sacerdotal en particular; y muy especialmente con el mismísimo José, que se niega a relatar la verdad de los hechos y prefiere morir crucificado  a descubrir al culpable.

Sin embargo, en su misión contra reloj, a Pomponio le surgen ayudas inesperadas en la persona de un mendigo tullido y avaro llamado Lázaro; en la del dios Apolo encarnado; y, cómo no, en los primeros milagrillos del niño Jesús convertido en su ayudante, gracias a los cuales logrará, finalmente, resolver el caso.


Hay además, zorras y cuervos parlanchines, especuladores del suelo, pelotazo urbanístico, tráfico de influencias; y junto a los personajes de ficción nos vamos encontrando con más personajes históricos de la talla de una virgen María de estampita; un ya rebelde Juan más tarde conocido como el Bautista; con los padres de éste; con una Magdalena niña hija de una misteriosa prostituta; con el ya mencionado Ben-Hur, etc.


La maestría de Mendoza consiste en bordear siempre el precipicio de lo fácil sin caer en ello; y su  mejor virtud mantener el equilibrio y la contención con unos materiales tan resbaladizos como los que conforman esta la historia. 

«El respeto por el prójimo me parece estupendo, pero no por las ideas, que están ahí para darles caña», ha declarado recientemente, y eso es lo que hace en esta sátira luminosa, ligera, lúcida y alegre. El asombroso viaje de Pomponio Flato se convierte así en  un verdadero regalo para cualquier lector.




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