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Roma

El escritor estadounidense Steven Saylor publicó recientemente en España su última novela, Roma (La esfera de los libros), un viaje a través de 1.000 años de historia. Tuvimos la oportunidad de hablar con él cuando visitó nuestro país para promocionar la obra, y de esa charla surge este texto que es, y no es, una entrevista.

La culpa es de mi editor inglés...


Fue él quien me dijo: «Steven, tu serie de crímenes* ha funcionado estupendamente, pero creemos que lo puedes hacer muy bien si te trasladas a un terreno más amplio, histórico sí, obviamente en Roma pero algo grande... ¿Por qué no escribes un libro gordo?». Ésas fueron sus palabras: un libro gordo. Y ese debía ser mi trabajo, escribir un libro gordo.

Inmediatamente pensé: ¿Por qué no escribir un libro sobre la propia Roma?  Contar la historia de la ciudad, convertir a la ciudad en protagonista. Mi editor me advirtió: «No lo intentes con los 3000 años...» Así que me dije: me limitaré a los mil primeros.

Yo conocía bastante bien la historia de Roma, pero esto es sobre el periodo inmediatamente anterior al que yo solía visitar, así que tuve que investigar mucho, quería repasar esos mil años hilándolos mediante una saga familiar, porque Roma es también la historia de dos familias en ese periodo, dos familias que dan testimonio de los grandes acontecimientos de la temprana República romana.

Una mezcla cuidadosa de mitología, leyenda e historia


La historia más antigua de Roma arranca en la niebla, la conocemos por las leyendas. Pero también es cierto que tenemos restos arqueológicos que nos proporcionan pistas sobre cómo era la vida de esa gente. El libro arranca con un encuentro entre personas que comercian con metales, recorriendo Italia de norte a sur, y otras que comercian con sal a lo largo del río Tíber. Sabemos que había un punto comercial, un cruce caminos, en el punto del río donde sitúo la acción.

Cosa distinta es lo de Rómulo y Remo, que sí es el material de leyenda, al menos eso sostuvieron los historiadores de manera prácticamente unánime durante mucho tiempo. Pero recientemente se han realizado excavaciones arqueológicas en Roma que han descubierto que en aquel tiempo en el que situamos a Rómulo y Remo fue el del nacimiento en la ciudad de Roma de algún tipo de reinado, por lo que los propios historiadores han cambiado su percepción de aquellas antiguas leyendas, han reevaluado lo que dice Tito Livio cuando cuenta la historia de los gemelos, que tan importante es para los romanos (y eso que no es nada halagüeña), que tanto significa para ellos. Sea como fuere, parece cierto que la historia de Roma no es una simple sucesión de hechos...

Tenemos a los romanos de las películas metidos en la cabeza


Y, claro, los de entonces no eran así. Los romanos de carne y hueso eran, ciertamente, más pequeños pero no necesariamente más sucios que las gentes de hoy en día.

Respecto al tamaño, los propios romanos lo admiten y cuando César se encuentra con los galos habla de lo altos que son, lo cual significa que los romanos se sabían más bajitos que algunos de sus vecinos.

Pero en lo de la suciedad, los romanos, además de inventar los sistemas de cañerías, introdujeron los baños. La ciudad de Roma es conocida por los  acueductos, las traídas de agua, las cloacas, los alcantarillados, y también por los baños, construyeron complejos termales magníficos, así que sospecho que eran muy limpios, al menos en comparación con el resto de los habitantes de entonces.

Un tiempo de esclavos, en el que las mujeres no contaban...


Es cierto, y tenemos que ser fieles a la época, yo no cambio la sociedad romana, no la suavizo para hacerla más agradable al lector moderno. Era, desde luego una sociedad basada en la esclavitud, aunque el concepto de esclavitud... bueno, en muchos aspectos, los esclavos romanos eran una suerte de empleados que no podía irse y no eran, al menos no necesariamente, maltratados, se les cuidaba, se les alimentaba y por supuesto se les daba alojamiento, porque eran un artículo valioso, así que la esclavitud podía ser terriblemente dura, pero también no tan dura. Era, simplemente, una realidad aceptada en el mundo antiguo.

En cuanto a las mujeres, yo siempre he sido muy sensible a ellas, por ejemplo uno de mis libros se desarrolla durante la guerra civil romana y gira en torno a lo que las mujeres hacían mientras los hombres peleaban. Sabemos por ejemplo que en esa época turbulenta la mujer del César estaba en Roma, que en Roma estaba la futura mujer de Marco Antonio, y seguro que hubo muchas intrigas entre las mujeres, pero mis investigaciones se revelaron dificilísimas porque lo último que los historiadores de entonces tenían en la cabeza era escribir la biografía de una mujer. ¡Ni siquiera tenemos una biografía de Cleopatra! Plutarco cuenta su historia en las biografías de Marco Antonio, César, pero nunca se le ocurrió escribir una biografía de Cleopatra.

Por eso reconstruir en detalle la vida de las mujeres de la antigüedad es un reto, pero uno que, especialmente para un novelista, un creador que quiere entrar en las mentes de personas diferentes, merece la pena.

De imperio a imperio


No creo que los lectores estadounidenses lean mis libros de manera distinta a como lo hacen italianos o españoles, porque creo que la fascinación por Roma se da por toda Europa y en América entera. Quizá si hay algo especial en el hecho de vivir cerca de las ruinas de aquel imperio, al menos a mí me cambiaron la vida. Crecí viendo películas, Cleopatra fue capital para mí, también Espartaco o Ben Hur o la serie de Hércules, las veía cuando era un crío, era mi país de las maravillas. Y cuando fue a la Universidad, y estudié historia y a los clásicos, estaba ya muy interesado en la antigua Roma, y debo admitir que cuando por fin a los veintitantos pude viajar a la ciudad por vez primera, fue electrizante. Pero la Roma Antigua existe sólo en nuestra imaginación, y por eso estar allí, en esa ciudad de ese tiempo, es posible tanto para los lectores americanos como para los europeos. Difícil para ambos, puesto que es un lugar distante y llegar a él requiere un cierto esfuerzo.

En cuanto a la relación entre el Imperio romano y el americano, aquel es un imperio a la antigua, basado en ganar territorio, esclavizar a los habitantes, saquear sus ciudades, y luego meter a esas gentes nuevas en tu ejército para empezar el proceso una y otra vez, y así expandir y consolidar el imperio.  Obviamente el imperio americano empezó de esa manera, cuando conquistamos el continente, pero no hubo mucha oposición... Así que hubo una dosis de «conquista a la manera antigua» en los inicios del imperio americano, pero hoy es un imperio económico. Y nada indica que vaya a durar para siempre, del mismo modo que el Imperio romano no duró eternamente.

Mi lugar en la historia


A mí la historia auténtica me importa muchísimo, y la investigación, y el tratar de ser preciso. Al mismo tiempo, quiero escribir una novela y dar la satisfacción que una novela proporciona, que es la recreación del mundo de los personajes, ver el mundo a través de los ojos de otras personas, tener experiencias que nunca podremos tener nosotros mismos. Intento crear una Roma fiel a su historia y, al mismo tiempo, crear una historia. ¿Es esto gran literatura? No soy yo quien debe decirlo, es tarea para los críticos y los académicos.


* Serie de novelas ambientadas en los últimos años de la República romana, denominada Roma Sub Rosa.




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