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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Philomena


Tras una azarosa y desigual carrera, Stephen Frears nos regala Philomena, que además de a una inmensa Judi Dench, ofrece una requisitoria irónica contra el machismo y la homofobia de la Iglesia de su país.

Philomena es una comedia dramática sensible, modesta y se sitúa entre las grandes películas de este director que ha combinado el realismo con la reconstrucción de época, la reivindicación con el cine de encargo o de género (Los timadores). Como en el caso de la hermosa Liam –otra vuelta a los orígenes, los recuerdos, al cine sensitivo—, estamos ante una película cuidadosamente ambientada, pequeña en apariencia pero grande en su alcance humanista que incluye un duelo interpretativo de primer orden entre una Dench en estado de gracia, encarnando a una mujer sin muchas luces que busca a su hijo secuestrado por las monjas tiempo atrás, y el casi siempre excelente Steve Coogan, el periodista que la acompaña en su difícil periplo hacia la verdad, la recuperación del pasado y la ilusión.

Judi Dench, que ya protagonizó la comedia musical de Frears Mrs Henderson presenta, logra introducirse en las entrañas de una mujer algo torpe pero llena de calor frente a instituciones ancladas en códigos caducos, leyes frías y cada vez menos humanitarias. El filme opta, en contraposición a trabajos como Las hermanas de la Magdalena de Peter Mullan, por un tono bastante amable para un tema que se prestaba al melodrama, el sentimentalismo o la crudeza. Frears confía en Dench para que su personaje combine diferentes estados de ánimo sin histrionismos, y trata de pasada temas como el  nacionalismo irlandés, el duelo, la religión que se aprovecha de la ingenuidad o el periodismo humano y social frente al periodismo sensacionalista.

Tierna y caustica, Philomena incluye una subtrama gay significativa y un alegato por momentos mordaz contra  los prejuicios y la intolerancia de la institución eclesiástica a lo largo de la historia reciente. Frears utiliza el registro de la comedia sentimental, pero no faltan los puyazos a algunos personajes y situaciones, así como una construcción que mezcla el presente y los fantasmas del pasado. Temas como la maternidad, el secuestro de bebes por la Iglesia, el puritanismo, la esperanza, la homosexualidad y el VIH a comienzos de los ochenta aparecen también en un filme sobre la lucha por la autenticidad, la veracidad y la libertad frente al oscurantismo de un mundo retratado con increíble sensibilidad y atención a los detalles de la puesta en escena.
En definitiva, un inteligente cuento para adultos protagonizado por dos grandes actores que demuestran que el registro de la comedia con tintes dramáticos sigue teniendo un potencial inusual, como potencial tienen la ternura y la lucha permanente por la veracidad.




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