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Viajar al óleo

Armando Cerra

Contemplando Mirmande

En estos tiempos en los que cada uno nos buscamos la vida como podemos, una solución que se han puesto en boga, es la de convertirse en un neorrural. Es decir, refugiarse en algún pueblo para desarrollarse personal y profesionalmente. Los hay que realizan labores tradicionales, otros invierten lo que tienen y lo que no para abrir algún establecimiento hotelero, y hay quién traslada su oficina o su taller al mundo rural, comunicándose con el mundo a través las nuevas tecnologías.

Hoy en día, esta opción vital está más relacionada con la necesidad que con la vocación. Pero no es algo nuevo, siempre hubo gente que en su momento decidió abandonar el bullicio urbano para ocultarse en la paz rural. Una vía de escape que eligieron muchos artistas de distintas disciplinas a lo largo de la historia. Uno de ellos fue el pintor y teórico del arte francés André Lothe.

En 1926 llegó a Mirmande, un pequeño pueblo del valle del Drome. Y rápidamente quedó prendado por ese lugar, por entonces casi en ruinas. Dejó París y compró una vivienda para instalar allí su residencia y su taller artístico. Y en su mismo hogar decidió convocar cursos de verano para artistas de todo el mundo. Entre maestro y alumnos crearon infinidad de cuadros que muestran el Mirmande de los años veinte, tan lejano a los ajetreados y felices años veinte parisinos.


"Calle de Mirmande", de André Lothe

Pero no sólo eso, Lothe animó con su entusiasmo a los vecinos para que fueran recuperando sus construcciones en piedra. Al mismo tiempo que algunos de los alumnos también decidieron establecerse en Mirmande. Un proceso de revitalización muy lento, pero que hoy luce esplendorosamente.

Mirmande está incluida en la lista de las localidades más bellas de Francia. La casa que adquirió Lothe, hoy es un hotel afamado por la cocina innovadora de su chef. Las fachadas de todas las viviendas de la localidad compiten entre sí en belleza, a base de pequeños motivos ornamentales e infinidad de macetas. Y por las calles se encuentran diferentes talleres artísticos del siglo XXI cuyos inquilinos emulan el ejemplo de Lothe.


"En las calles de Mirmande", de Mónica Grimal

Todo ello en un ambiente de tranquilidad, que tan sólo se turba, tampoco en exceso, los fines de semana de buen tiempo, cuando llegan visitantes para disfrutar de este lugar, convertido en ejemplar por su recuperación, su hermosura y su apuesta por el futuro. En definitiva, el visitante pasea por Mirmande, entre pasadizos, escaleras y recodos, de pronto se sienta. Y entonces las calles de la población y el recuerdo de Lothe le invitan a la contemplación y a la reflexión, y tras eso llega la provocación. Las ganas de girar y de emprender una nueva aventura vital.

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