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Errata

Evaristo Aguirre

Paisanos

Llegan aquí, juntos, un libro de Antoni Marí y otro de Vicente Valero por la casualidad: han caído en mis manos con una diferencia de pocos días y sus autores son paisanos, pues ambos nacieron en la isla de Ibiza: Marí en 1944; Valero en 1963. Y además estos textos, aunque diferentes –el del primero es una novela; el del segundo, un diario–, comparten algunos detalles: algo del ambiente, recuerdos adolescentes, una mirada tranquila sobre lo que cuentan…

La editorial Libros del Asteroide ha rescatado la novela de Antoni Marí El vaso de plata, publicada por primera vez en catalán, en 1991, y luego traducida por el propio Marí al castellano, versión que salió a las librerías un año después y que ahora regresa a ellas, esta vez con un prólogo de Ignacio Martínez de Pisón.


El vaso de plata responde, salvo en una de sus características, al modelo de esas novelas de iniciación que recrean el final de la infancia o la adolescencia del protagonista, casi siempre narradas en primera persona, en las que se intuyen muchos elementos autobiográficos. La diferencia estriba en que en general son libros escritos también durante la juventud del autor, cercanas en su gestación al momento en que transcurren, muchas veces primeras obras; pero Antoni Marí escribió ésta cerca de los cincuenta años de edad.

Poco importa, porque esa frescura, quizá inocencia, en el punto de vista desde el que se plantea el relato, esa ausencia de trama –episodios de una etapa de la vida que se suceden y no nos importa que exista o no un desenlace– están tan presentes, y tan vivos, en El vaso de plata como en cualquiera de esos libros con los que se le quiera comparar.

No se sabe dónde ocurre todo, pero sí que es España, entre los años cincuenta y los sesenta, en una ciudad cercana al mar. Y cuando hay mar, siempre hay luz, mucha luz y un horizonte de libertad para los adolescentes. Y puede, como aquí, que haya un barco de vela, y playas a las que escapar, y largos veranos.


En las páginas del Diario de un acercamiento (Pre-Textos) de Vicente Valero, aunque se refieren a los años 2004, 2005 y 2006, hay también escapadas hacia la infancia, una infancia ibicenca en la que, por supuesto, hay mar, hay playas, hay barcos y hay turistas. Valero es poeta y autor de, al menos, un par de libros de ensayo centrados en su isla: uno sobre la presencia en la isla de Walter Benjamin a principios de los años treinta, Experiencia y pobreza (Península, 2001), y otro que repasa los personajes de todo tipo que, durante el siglo XX, han visitado o vivido en Ibiza, Viajeros contemporáneos (Pre-Textos, 2004).

Este dietario tiene tres partes. La propiamente diarística es la primera, “Hojas de verano”. Es esta en la que el verano presente le permite al autor ir y venir a los veranos pasados. En la segunda, “Los apuntes del paseante”, aparece un Valero más reflexivo. Cada capítulo está dedicado a una idea, a un tema, a una persona. Hay algunas notas sobre su idea de poesía: “El objetivo supremo del poeta es sentir con emoción lo que no sabe”, escribe. Y la tercera parte, “Cuaderno provenzal”, es la crónica de un viaje por la Provenza francesa, un recorrido en el que Valero está acompañado constantemente de tipos como Cézanne, René Char, Petrarca, Albert Camus




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