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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Oslo 31 de agosto


Es una de las propuestas más serias y estimulantes venidas del reciente cine nórdico, aunque también un filme algo tentado por el pesimismo y la falta de esperanza.

El meticuloso y algo frío realizador noruego Joachin Trier vuelve a los temas de la juventud alienada y de  la amistad como tabla de salvación pero en esta ocasión nos presenta una odisea individual de un joven ex toxicómano que busca salir adelante. Con algunos elementos del cine europeo sobre el desarraigo juvenil  (Techiné, Louis Malle) y otros de los filmes sobre la enfermedad mental en su vertiente más digna, Trier opta por una fusión entre la naturaleza y el personaje, el drama y la ironía.

No obstante, la belleza de las imágenes no puede ocultar que estamos ante la historia de una autodestrucción por parte del joven Anders (un gran trabajo de Anders Danielsen Lie) vagando en busca de respuestas, acogido por dos antiguos amigos y con una relación tensa tanto con su pareja como con su familia cercana, con la que mantiene lazos poco satisfactorios. El protagonista de Oslo 31 de agosto se ve como un ser innecesario, sin nada que aportar al mundo que le rodea y, adolescente de futuro prometedor, inhibe sus cualidades a favor de una hostilidad hacia el entorno y hacia sí mismo que cristaliza en una mezcla de alcoholismo y nihilismo que dan como resultado un ser errabundo, desencantado con el mundo y furioso consigo mismo. En este sentido, los interiores y exteriores levemente iluminados acentúan esa sensación de melancolía, desapego y desamparo.

La película se presenta como una adaptación de El fuego fatuo de Drieu de la Rochelle (que ya dio lugar a una estremecedora obra maestra de Louis Malle), a pesar de lo cual estamos ante un filme fresco, sin miedo a experimentar, y ante una llamada de atención sobre una juventud expuesta a la enfermedad mental o la soledad por la falta de referentes culturales óptimos y, sobre todo, por la ausencia de experiencias laborales duraderas. Un poema desgarrado donde la belleza y el dolor logran, por momentos, acercar el drama juvenil al cine de poesía y  a la tragedia contemporánea.

Bienvenidos al norte




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