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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Blue Jasmine


Blue Jasmine es la mejor película de Woody Allen en muchos años y una vuelta a suelo estadounidense tras su desigual periplo europeo (que no obstante nos ha dado obras importantes  como Match Point, Medianoche en París o Conocerás al hombre tus sueños). Nos devuelve al Allen más ácido pero también algo renovado en su forma de contar a través de largos flash-backs que sirven para apuntalar esta fabula demoledora sobre la estafa, la soledad y la codicia en la sociedad moderna.

La protagonista absoluta una Cate Blanchet en estado de gracia, una mujer arruinada por los negocios sucios de su marido. El suyo es un personaje ambiguo y neurótico (como es habitual en Allen) al que Blanchet aporta todos los matices necesarios. Su gran oponente es la inglesa Sally Hawkins (Happy Go Lucky), junto a una troupe de secundarios que, como suele ocurrir en el cine de Allen, quedan reducidos casi  a la mera caricatura.

La película nos habla del precio de la felicidad y del espejismo de la riqueza en un mundo sacudido por la corrupción y la codicia. En esta ocasión, Allen (a pesar de su endémica resistencia a presentar parejas del mismo sexo) bebe de la influencia del teatro de Tennessee Williams llevando a su terreno algunas claves de obras como Un tranvía llamado deseo. Como ya han señalado algunos críticos, estamos ante una suerte de Blanche Du Bois moderna y víctima del capitalismo tardío que finge, en ocasiones, no ver las tropelías de su marido (Alec Baldwin), una mujer superada por las circunstancias  que ha sustituido los baños calientes por los antidepresivos de diseño.

No obstante, Allen, a pesar del demoledor pesimismo de la cinta, no excluye el humor y la ironía en las situaciones (algunas cercanas a la comedia de enredo) en las que se ve envuelta la atribulada protagonista, refugiada en la humilde casa de su hermana ante la debacle económica. Parece decirnos que ni el amor ni la belleza pueden salvar a su protagonista de un futuro imposible de encarar.
En este sentido la actriz se apodera de la cinta pero el director no descuida ni la música, ni los diálogos ni la completa y evocadora música de jazz para una comedia dramática urbana e incisiva que se va enegreciendo ante nuestros ojos. Olvidado, como de costumbre, en las nominaciones a los Oscar, Allen se erige como una figura incómoda dispuesta a retratar la cara oscura del “american Dream”.

Puro Allen




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