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Maitines II

Jorge Dioni López

1.3 Colonia y caramelos


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José Luis Ferrer, Presidente de la Generalitat valenciana, curiosea en la cesta que hay al lado del grifo. Cuenta diez paquetitos, todos con el hombre del hotel pero sin el logo, una discreción que agradece. Un costurero, un conjunto para limpiar los zapatos, otro para afeitarse, una lima junto a unas tijeras padrastrosas, un peine tipo azada, unos sobrecitos de colonia, gel, champú, toallitas y unos caramelos para proteger la placa dental y disimular el mal aliento. Se lleva la bandeja al lado de la cama e introduce el costurero y el conjunto para limpiar los zapatos en el bolsillo inferior izquierdo de la maleta y las toallitas en el superior central. Antes de levantarse, deposita sobre la cama los sobrecitos de colonia y los caramelos para la boca y, tras dejar la cesta en su sitio, revuelve las cuatro cosas que quedan para que no se vea el fondo de metal.

Se ducha rápido, sin gel ni champú y, antes de vestirse, se reparte por el cuerpo una crema de aceite y azafrán, regalo de una cooperativa del Alt Vinalopó. Cuando tiene la camisa puesta, hace dos llamadas de teléfono monosilábicas y, antes de comenzar a ponerse la corbata, un hombre y dos mujeres han entrado sin llamar.

—Buenos días, chicos.
—Buenos días, presidente.

Pepe Ferrer trata de reproducir de nuevo las voces y el entusiasmo de las mismas porque le ha dado la sensación de que fallaba la polifonía

—Buenos días, Jacinto.
—Buenos días, presidente.
—Buenos días, Elena.
—Buenos días, presidente.
—Buenos días, Marieta.
—Buenos días, José Luis.

María Nebot, directora de comunicación de la Generalitat y Consejera de la televisión pública, es una de las pocas personas de su equipo a las que Ferrer permite el nombre de pila. Sin embargo, le ha molestado el tono y tira la corbata a la cama antes de sentarse encima. Elena trata de evitar el corbaticidio.

—No pasa nada, ¿qué tenemos?, Jacinto.
—El País y El Mundo coinciden en que tiene que marcharse Losada; ABC y La Razón piden cambios pero no en la presidencia.
—¿Las radios?
—Federico quiere que se vaya pero hay contertulios que no están de acuerdo.
—¿Quiénes?
—Luis Herrero.
—El que dice que es de Castellón. Tendré que hablar con Carlos.
—Helena, tu turno.
—Los presidentes de Galicia y Andalucía ya están en el reservado del comedor; el alcalde de Madrid está en camino.
—¿Seguro?
—Eso me ha dicho su jefe de gabinete hace dos minutos.
—Vuelve a llamar y que te ponga en teléfono al GPS para que diga dónde collons están.
—Marieta, ¿algo diferente?
—Prefiero que hablemos a solas, presidente.

Las silabas de la última palabra han salido como flemas de tuberculoso.

—Venga, marcharse, que Marieta no puede hablar para todos.

Los dos asesores se marchan; ya en la puerta, Elena se vuelve para preguntar si lo del GPS iba en serio pero decide no abrir la boca al ver a Marieta hacer el nudo de la corbata al Presidente.

—Pep, ¿sigues pensando que Losada está muerto?
—Lo pienso yo y la prensa y toda la gente con la que he hablado.
—¿Has hablado con Losada?
—¿En qué piensas?
—En ti y, sobre todo, en mí. Si te la das, creo que no hay nadie de Marina D’Or a Polaris World que no me la tenga jurada por algún motivo.
—Siempre puedes venir aquí, que no te conocen.
—¿A empezar de cero? Llevo doce años cambiándote los pañales y se ve que tú tampoco me conoces. Yo quiero retirarme, no volver a empezar.
—¿Por qué estás tan preocupada?
—Porque las cosas nunca son tan fáciles.
—Bueno, hemos trabajado mucho.
—¿Y ya?, ¿Mendiburu va a aceptarlo todo? ¿Que seas vicepresidente único con garantía de sucesión, tres ministerios y el control del partido en Catalunya y Baleares?, ¿y ya?
—No le queda otra. Es lo que les voy a decir a Mariño y Talavera. A Gonzalo le convenceré de que acepte ser cabeza de lista para las europeas.
—Claro que le queda otra.

Ferrer se dirige a la maleta y, colocándose para que la mujer no pueda ver el contenido completo del bolsillo superior central, extrae unas toallitas. Se limpia las manos con una que vuelve a guardar en el pantalón.

—Mira, Pep, Mendiburu tiene que recuperar Catalunya para ganar las elecciones. He oído que va a hablar con Salvanella.
—¿Para Presidente?
—No, la Presidenta allí sería Mireia Oriol; Salvanella haría de puente con el empresariado y con CiU para diseñar una alianza que haga presentable la retirada del ‘se rompe España’.
—¿Y eso que tiene que ver conmigo?
—Que te van a follar, Pep, que van a sacrificar Valencia.
—Pero somos 19 diputados.
—Ya pero cinco de diferencia con el PSOE. En 2000, el PSC sacó los mismos al PP; en estas han sido 18. Aquí se piensa que el PSOE de Valencia no puede recuperarse a corto plazo pero que sí se puede crecer el Catalunya porque CiU está en un callejón sin salida. Y, después, está el ladrillo.  
—Ya sé que lo de las casas se acabó pero tenemos otras cosas que no tendré que recordarte.
—Somos el ejemplo; nos han llevado a Europa muchas veces. Hay muchos sitios que tienen movidas con proyectos que se quedan sin hacer pero los nuestros van a salir en primera página.
—No podrán conmigo.
—Nadie va a intentar hacerte nada. Serás importante para las elecciones pero, lo más probable, es que ni seas vicepresidente ni sucesor. Mendiburu no es como Losada, ella tiene un equipo formado aquí y velas a todos los santos.
—Y yo; el Papa vino a Valencia.
—Pues dile que vuelva porque lo vamos a necesitar.

Dentro del cajón de la mesita de noche suena un gañido intermitente que Nebot no reconoce como de un móvil hasta que Ferrer saca el aparato.

—El alcalde ya está aquí. Están los tres juntos.

Ferrer comprueba que el nudo de la corbata está bien anudado pero no consigue que los ángulos inferiores del triángulo equilátero queden simétricos. Mira a Nebot pero la mujer está mirando un mensaje en la pantalla de su móvil.

—¿Y qué propones?
—Que confirmes a Losada.
—Pero nos vamos a dar otra hostia en 2012.
—No digo que sea candidato pero tiene que seguir un par de años más. De momento, a muerte con Losada porque necesitamos que Mendiburu se estrelle ella solita. Díselo a los tres que tienes abajo; aunque tantea primero el ambiente porque seguro que ella ya ha hablado con Mariño y Talavera.
—A Mendi no le caen bien.
—¿Y qué? Esto es Madrid; distingues a un enemigo de un amigo porque unos te apuñalan por la espalda y otros, por delante.  
—¿Y la prensa?
—El Mundo y la Cope están con Mendiburu pero el primero irá donde vaya el viento y el segundo son los obispos; pagando nos entenderemos. La Razón quiere a Losada por una cuestión personal del director y Vocento, Godó, Jolly, Voz y Moll estarán de acuerdo en que siga si se borran unas cuantas caras y se calman los ánimos porque esta situación no les viene nada bien. 
—¿Por qué? Si la cosa está caliente, se venden más diarios.
—Siempre os fijáis en lo que tenéis delante. Hay algo más, aparte de Madrid y Valencia. La mayoría tiene diarios que son hegemónicos en provincias medias, de tres a cinco diputados, para que me entiendas, gracias a que están en el centro; un día, para allá y otro, para acá. Si la política nacional se crispa, sus diarios tienen que posicionarse de alguna manera, aunque sea eligiendo entre proceso de paz o rendición o, incluso, eludiendo el tema. Y cualquier movimiento brusco, es una grieta por la que se puede colar cualquiera. Los medios apoyarán cualquier cosa que calme los ánimos y vuelva a mover el dinero.
—Todo por la pasta.
—Claro. Hazme caso. Habla con los tres y, si los convences, igual puedo conseguir buena compañía para comer.
—¿Todos?
—Yo sólo me preocupo por ti y, sobre todo, por mí.

Ferrer se dirige a la puerta y la abre.

—Si te quedas, daremos que hablar.
—¿Más?

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