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Viajar al óleo

Armando Cerra

Del siglo XIX al XXI. ¿qué ha cambiado?

De vez en cuando contrariamos al título de esta sección y en vez de viajar al óleo, lo hacemos a algún otro tipo de material artístico. En este caso acompañados por dos grabados de Valeriano Bécquer, los dos hechos en Soria y los dos publicados en el año 1867.

Por aquel entonces, el hermano mayor de Gustavo Adolfo recorría tierras aragonesas y castellanas buscando imágenes que le sirvieran para cumplir un encargo ministerial, por el que a cambio de un pensionado tenía que retratar las costumbres y tipismos de España.

Así llegó a Soria, y como los viajeros actuales, a uno de los primeros sitios que se dirigió fue a la ermita de San Saturio, que se alza sobre el roquedo dejando a sus pies las aguas del Duero. Evidentemente dibujó el porte del edificio. Y tal vez por las prisas o quizás por un error de imprenta aparece con el título “Ermita de San Saturio. Patrón de Ávila”. Errores que sucedían ayer y suceden hoy, o sea que en eso no hemos cambiado.


"Ermita de San Saturio", de Valeriano Bécquer

Aprovechó para ilustrar al morador de la ermita, el santero, mientras recorría las calles sorianas cumpliendo con su obligación de pedir limosna. El santero vivía en una de las frías estancias de la ermita, tal y como recrea el interesante museo del monumento. Aún hoy continúa habiendo santero en San Saturio, pero ya no vive ahí, ni viste como un santón ni mendiga dinero. Hoy, el santero de San Saturio ha cambiado para mejor y es un funcionario que se encarga de abrir la ermita para los turistas.


"Tipos sorianos: el santero", de Valeriano Bécquer

Porque son muchos los visitantes que se acercan al lugar, tanto sorianos que la visitan por devoción como foráneos que recorren sus pasadizos excavados en la roca hasta llegar a la iglesia barroca situada en la parte superior del monumento.


"Ermita de San Saturio", de Mónica Grimal

Salvo la iluminación y el museo, puede que poco haya cambiado en la ermita desde el lejano 1867. Valeriano Bécquer seguiría un recorrido similar al de los turistas, buscando encuadres e imágenes para cumplir con su encargo. Sin embargo, no sabía que un año después, el cambio de gobierno en España iba a suponer que se le suspendiera el trabajo y tuviera que buscarse otras fuentes de ingresos.

Sí. A mediados del siglo XIX ya era habitual eso de anular pensionados, becas o contratos, cambiar de amigos y asesores, anular iniciativas anteriores, cortar inversiones o dar giros radicales a las políticas de los gobernantes precedentes. ¿Suena de algo?

En definitiva, Valeriano, como buen artista, si quería malvivir de su arte tenía que hacer todo tipo de encargos. ¿Esto también sonará? Él optó por hacer ilustraciones y grabados para las revistas de la época. Y pese a ser encargos, se descubre la compleja personalidad del personaje.

Tanto él, como su hermano están considerados como paradigmas del Romanticismo más empalagoso, idea que se desmonta al conocer el trabajo que emprendieron en 1868. Ambos, mano a mano publicaron bajo seudónimo 89 acuarelas tituladas Los Borbones en pelota. Ahí muestran la intimidad de la corte de Isabel II. Se ve a la reina, a su esposo, sus ministros, su amante, sus animales de la cuadra, etc,… practicando todo tipo de posturas sexuales, sin dejar nada a la imaginación. Unas imágenes que podrían ruborizar a los dibujantes de El Jueves y que hoy no pasarían la autocensura impuesta por lo políticamente correcto. Es decir, hay cosas que si han cambiado.

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