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El secreto de la invención

Daniel Tubau

El azar y la necesidad

danieltubau@gmail.com


Ilustración del autor.

Uno de los asuntos que ha ocupado durante millones de horas a las mentes más inquietas de la humanidad es el del azar y la necesidad. ¿Estamos determinados por nuestros genes, por las estrellas, por los dioses, por el clima, por la educación, por nuestro género, por nuestra cultura? ¿Son nuestras acciones libres o seguimos nuestros instintos, como los animales, o instrucciones de un programa, como las máquinas?


Escribas egipcios.

Desde que se recuerda o se deduce la actividad humana sobre este planeta, se ha intentado desentrañar si nuestra vida y nuestro universo es determinista o indeterminista, si estamos sometidos a un destino férreo o a un caprichoso azar.  El tema ha hecho que se volcaran toneladas de tinta en rollos de seda, libros de bambú, pergaminos y papeles; ha fatigado las manos de los escribas mesopotámicos, obligados a hacer saltar muescas en las piedras con sus signos cuneiformes, ha mantenido a los canteros egipcios horas a pie firme trazando intricados jeroglíficos en los muros y columnas. Las imprentas de China y de la Europa de Gutenberg han trabajado sin descanso imprimiendo cientos de libros que intentaban resolver el gran misterio. Hoy en día el universo digital rebosa de artículos, libros, series y películas o discusiones interminables acerca del asunto.


Adán y Eva.

El balance entre azar y necesidad también ha dado origen a cientos de escuelas filosóficas y metafísicas y a sectas religiosas, no sólo en Grecia y Roma, sino en la India y en China, en Persia, en las culturas precolombinas, en el mundo musulmán, en el cristiano y en el judío. A menudo la respuesta psicológica ha ido unida a la ontológica y metafísica. Los estoicos enseñaban a soportar el dolor y las contrariedades, lo que les hizo desarrollar una metafísica de un destino férreo; los epicúreos buscaban el placer y eso les hizo concebir un universo en el que dominaba el azar, por lo que al movimiento de los átomos de Demócrito añadieron una desviación azarosa o clinamen que impedía que todo estuviera determinado de manera estricta. Los cristianos, que creían que el mundo ideal se situaba en el futuro en vez de en el pasado, otorgaron al ser humano el libre albedrío, pero al mismo tiempo lo sometieron desde su nacimiento al más cruel de los determinismos, el del pecado: todos somos pecadores desde el momento en que nacemos, porque cargamos con la culpa de nuestros primeros padres, Adán y Eva. Por su parte, los budistas, los hinduistas y los jainistas, también aceptaron que tenemos que cargar con las culpas o aciertos de nuestras vidas anteriores, pero, al mismo tiempo, propusieron la mayor de las libertades y el libre albedrío más radical: es verdad que somos como somos por lo que hicimos, pero también seremos lo que seremos en función de lo que hagamos ahora. Aristóteles, por su parte, proponía algo parecido, pero limitado a la vida de un individuo: somos lo que hacemos. El ser humano, nos dice, nace como una tabula rasa, como una tableta en blanco, que debemos ir llenando en nuestra búsqueda de la felicidad, hasta llegar a la contemplación pura, algo que quizá podríamos comparar con una meditación reflexiva e inquieta. Ahora bien, para que todo eso funcione no solo tiene que existir un Primer Motor Inmóvil que mantenga todo en movimiento, sino también esclavos que nos permitan tener el tiempo libre que exige la contemplación pura.   

De todas estas fascinantes paradojas y contradicciones alrededor del azar, la necesidad y el destino quiero hablar en esta nueva sección de Divertinajes que se inicia ahora, en este año 2014. Quiero invitarte, lector, a acompañarme en este viaje divertino, que nos permitirá recorrer el mundo y todas sus épocas en busca de una respuesta, o de muchas respuestas, a la pregunta acerca del azar y la necesidad.

Visita la web del autor:
www.danieltubau.com




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