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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Prisioneros


Tras el éxito internacional de Incendios (basada en su propia obra de teatro y que narra una historia también presidida por el misterio y la violencia), el cineasta canadiense Denis Villenueve, sin abandonar sus coordenadas estilísticas, nos sorprende con una negrísima historia de misterio rural, secuestros, provincianismo y crueldad desmedida.

Nuevamente, el versátil director de Politechinque no se anda con medias tintas a la hora de retratar paisajes y paisanajes humanos desgarrados y nos regala una lección de buen cine y de cómo filmar guiones complejos y dirigir a actores y actrices de recursos limitados logrando de ellos lo mejor en situaciones límite. Opta por los planos largos y consigue que actores tan monolíticos como Hugh Jackman o Jake Gyllenhaal resulten creíbles del principio al final de la cinta. Hay muchos momentos en el filme en los que los fuertes parecen los débiles y viceversa, una herencia de la novela costumbrista y negra de hoy en día y una muestra inquietante de cómo los seres humanos ocultan sus debilidades tras altas dosis de agresividad.

Prisioneros está tal vez algo empañada por la gran cantidad de trabajos de argumento similar en el cine reciente de Hollywood e independiente, pero Villenueve, con una pasmosa solidez y gran sobriedad en la composición de los encuadres, se toma su tiempo y sus espacios para desenredar los cabos de una laberíntica historia de locura, amor, odio, familias deshechas y personajes antipáticos. El espectador no sabe a qué punto de vista agarrarse y esa es una de las bazas que Villenueve juega con mayor maestría. Los interiores se vuelven opresivos pero los exteriores tampoco ofrecen seguridad en una historia, en el fondo, más triste u desoladora que inquietante o fantasmagórica, a pesar de su atmosfera compacta y ritmo sostenido.

El sombrío guión de Aaron Guzikowski, plagado de detalles morbosos y momentos de violencia, se ve apuntalado por una hermosa e invernal fotografía del maestro Roger Deakins que contribuye a crear la tensión entre los espacios abiertos y los cerrados o claustrofóbicos donde evolucionan los personajes en un continuo clima de crispación. Bellos paisajes para una historia de novela y cine negro contada con sinceridad y atención a los detalles.

Puede que no nos guste demasiado la trama de Prisioneros y los personajes nos suenen demasiado pero no cabe duda de que Villeneuve ha sabido de nuevo llevar a su terreno de fresco social y terror psicológico la historia de un secuestro misterioso en un pueblo ya secuestrado por los secretos, la hipocresía, el rencor, la beatería y la violencia.

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