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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Los libros del año

eorue[arroba]divertinajes[punto]com :: @EvaOrue
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Es una costumbre tan inveterada como otras, igualmente inanes. Me refiero a la manía de elegir “el libro del año”, tarea que antes recaía en los críticos y demás guardianes del canon literario y que ahora, por eso de la democracia participativa y las nuevas tecnologías, se delega en el común de los mortales, a la par que lectores.

Tomemos como ejemplo la votación que elpais.com ha patroneado para que sus lectores entronicen el Mejor Libro del Año. Ganador: La verdad sobre el caso Harry Quebert, de Joël Dicker. Un thriller que se ha vendido muy bien, pero que no ha sido acogido con igual entusiasmo por todo el mundo. (Aquí, lo que al respecto publiqué en InfoLibre con opiniones de contrarias de Alicia Giménez-Bartlett, Lorenzo Silva y Carmen Posadas y favorable de Use Lahoz).

Mejor Libro del Año, entonces. Pero, ¿quiénes son “los lectores de El País”? Y, sobre todo, ¿cuántos son?

Pues exactamente 3.226 personas, que son las que se manifestaron y de las cuales sólo un 10,66% votó por la novela citada, en tanto que el 6,394% se decantó por Intemperie, de Jesús Carrasco (Seix Barral), 3,216% por La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero (también Seix Barral), 2,829% por Baile de máscaras, de José Manuel Díez (Hiperión) y 0,4844% por Los surcos del azar, de Paco Roca (Astiberri).

(Abro paréntesis. Cito estos libros, aunque no son todos los que aparecen en la nómina, ni siquiera representan todas las categorías sometidas a escrutinio, porque han sido considerados mejor Novela, Biografía, autobiografía, testimonio, diario o libro de cartas, Poemario y Cómic respectivamente. Cierro paréntesis.)


Nótese que La verdad…  ha sido consagrada como Mejor Libro del Año por el 10,66% de 3.226 personas, es decir: 345,8916 lectores si contamos a los enteros y a los troceados.

Y nótese (ay que me gusta esta expresión) que Intemperie no ganó a La verdadera… en Mejor Libro del Año (ay que me gustan las mayúsculas), pero sí en Mejor Novela, categoría en la que votaron más personas, 3.573, de las que el 14,45% apostaron por Jesús Carrasco, frente al 10,84% que quiso reconocer los méritos de Joël Dicker. Caprichos de la asamblea: el 10,84% de 3.573 son 387,3132  votantes (íntegros o despedazados), algunos más de los que apostaron por ella en la categoría global.

Que no digo yo que los lectores no tengan criterio, ni que su criterio no sea relevante. Pero en fin.

Momentos estelares


Llega a mis manos una antología de cuentos publicada por Bartleby de la para mí desconocida Irmtraud Morgner.

Antes de leerlos, me detengo en el prólogo del traductor, Ibon Zubiaur, ex director del Cervantes de Múnich.

Y azuzada por sus reflexiones, y siempre antes de adentrarme en los relatos, decido escribirle para preguntarle por qué la práctica totalidad de los escritores de la RDA han caído en el olvido desde la reunificación.

Básicamente —me dice— por motivos políticos. Hay que tener en cuenta que en los años 70 y 80 (desde que se normalizaron mínimamente las relaciones con la RFA), las editoriales alemanas occidentales publicaron generosamente a todo escritor de la RDA al que pudieran asignarle la etiqueta de "disidente" o tuviera problemas con la censura en su país, al margen de su valía estrictamente literaria. Tras la reunificación, en cambio, esta especie de bonus político se volvió en contra de los escritores provenientes del este, con lo que, aunque invirtiendo el juicio, la valía literaria siguió siendo secundaria: la mayoría de los medios occidentales dieron en sentenciar que todo lo que había producido la RDA era ahora caduco y prescindible, incluyendo, por supuesto, su literatura.

En su opinión, todo eso es absurdo: la literatura de la RDA era en realidad bastante más interesante que la de la RFA.

Pero el mercado exigía eliminar esa competencia y cualquier tratamiento literario de un mundo condenado a desaparecer. En esta maniobra también hay implícito un criterio literario, aunque más bien espurio: la literatura escrita en la RDA era generalmente una literatura comprometida, y en los años 90, como en el resto del mundo, el mercado alemán favoreció una literatura más banal y escapista.

Así las cosas, me atrevo a preguntarle a cuáles deberíamos recuperar. Y él corrige mi punto de vista:

Creo que debería interesarnos, en primer lugar, por qué la literatura fue tan importante en la extinta RDA y se produjo allí un diálogo tan fecundo entre el público y los escritores, que en numerosos casos eran vistos como una conciencia crítica. Puede que algunos de estos autores y libros hayan perdido hoy actualidad, pero el problema sigue siendo relevante. En España se ha editado muy poco, y en general con una clara preferencia por los libros que tratan el tremebundo pasado alemán reciente y cuya calidad resulta indiscutible (caso de Johannes Bobrowski, Fred Wander o Jurek Becker). Mucho más raro es que se editen los libros y autores más ligados a la realidad de la RDA, o algunas propuestas literarias más originales y experimentales (con excepciones como Wolfgang Hilbig). Éste es el caso de las dos autoras que he traducido al castellano, Brigitte Reimann e Irmtraud Morgner: dos escritoras de culto entre el movimiento feminista de los años 70 y 80, mucho más incisivas y despendoladas que cualquier autora occidental o que la famosa y meditabunda Christa Wolf.

Ahora sí, lo abro. A ver sí…

Universo mundo

El pasado domingo publiqué en InfoLibre un artículo titulado “El universo mundo contra Amazon” en el que, tras citar a los enemigos del gigante (no a todos, incluso en Internet el espacio es limitado), apuntaba algunas iniciativas que, si prosperan, le pondrán las cosas un poco más difíciles.

Ahora sé que El Corte Inglés y Casa del Libro han creado una sociedad conjunta para la comercialización de ebooks con el fin de intentar plantar cara a las plataformas internacionales (Amazon, Apple, Kobo, GooglePlay, etc.) que están arrasando en el mercado en español por falta de alternativas sólidas.

Lo explica Javier Celaya, quien dice también que Amazon cuenta con una cuota del mercado español de venta de ebooks de entre el 30 y el 40%. “Si esta cuota de mercado lograse superar la barrera del 50% la posición dominante de esta empresa tendría graves repercusiones en el mundo del libro en España, así como en Latinoamérica.”

Lo peculiar de la noticia es la colaboración entre unos grandes almacenes (quizá la principal librería de novedades), y una cadena de librerías (con mucho fondo).

Y me interesa subrayar la participación de El Corte Inglés porque nunca hay que perder de vista que Amazon tiene la importancia que tiene no solo por Kindle, sino porque se ha convertido en la tienda más grande, más eficaz y con precios más competitivos del mundo. Vaya, que en realidad se parece más a una gran superficie que a una librería clásica.

Buscando la piedra filosofal

Y mientras eso sucedía en el reino virtual, en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez se celebraba una reunión con el objeto de impulsar el proyecto de un sello de referencia para las librerías.

La idea, nacida en Castilla y León, pretende “impulsar la mejora del tejido librero mediante la aplicación de un modelo de indicadores y acreditación y la empatía de los ciudadanos con las librerías de su barrio mediante un esquema y su consiguiente comunicación”.

Veremos.

¡No nos ajuntan!

En este mundo global, la mirada del otro es particularmente importante. De ahí que me hayan llamado la atención dos artículos “Why don't French books sell abroad?” y “Why Do Americans Shun European Comics?” que nos obligan a cambiar de perspectiva.

El primero, firmado por Hugh Schofield en BBC News Magazine, cita a Marc Lévy quien dice algo que, visto desde aquí, tiene su coña: "A menudo bromeo con que la única manera de ser publicado en Gran Bretaña siendo francés es simular que eres español”.

El autor del texto, por su parte, apunta como causa posible de esa inexportabilidad de la literatura francesa su carácter elitista, una afirmación que solivianta a Marie Darrieussecq niega: "Estoy harta de estereotipos. No somos intelectuales, No estamos obsesionados con las palabras. Escribimos historias de detectives. Escribimos suspense. Escribimos romance. Y ya va siendo hora de que se empiecen a dar cuenta.”

En el segundo, publicado en Publishing perspectives, Samuel Sattin señala que mientras los manga se han asentado en el mercado yanqui, los comics europeos (en especial los belgas y los franceses) no logran cautivar al público. ¿Tintín y compañía son también demasiado elevados? Pues sí. Al parecer, los cómics estadounidenses, como las sensibilidades culturales estadounidenses, se desaniman con el aparentemente intelectual (léase: pretencioso) estilo de la cultura europea. Incluso de la dibujada.

Ya ven.

Por lo demás

Este Círculo volverá a iluminarse, si su sustentadora puede pagar el incremento del 11% en la factura de la luz, después de Reyes. Hasta entonces, feliz de todo. Y más.




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