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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Keep The Lights On


A diferencia de Weekend, de Andrew Haigh, con la que tiene poco que ver pero con la que va a ser inevitablemente comparada, Keep The Lights On es una película hermosa pero incómoda. Incómoda porque nos habla del deterioro de los lazos afectivos y sentimentales y también de la vida de dos personas nada comunes ni, a pesar de las apariencias, estables ni adaptadas al entorno en el que se desenvuelven de distinta forma y con distintos estatus sociales.

Keep The Lights On se ha alzado con el prestigioso premio Teddy en el festival de Berlín y su mezcla de erotismo sin tapujos y sensibilidad humanista, de dureza, pasión y ternura, han cautivado al público internacional. El último y mejor filme de Ira Sachs es una historia sobre el paso del tiempo y la pareja como trampa o tabla de salvación, aunque llena de vitalismo y esperanza, sin caer en tópicos, moralismo o prejuicios.

Así no omite escenas de sexo poco habituales en el cine comercial pero tampoco ofrece ningún tipo de morbo gratuito ya que desnuda a los personajes en todos los sentidos de la palabra.

Como en su anterior filme, Sachs muestra como el amor no ofrece seguridad y como la vida conyugal puede ser tan compleja como la soledad. También nos habla sin tópicos de las parejas abiertas, los encuentros casuales o no tan casuales, la doble vida o el fantasma del VIH.

Basada en la autobiografía del director Portrait of an Addict as a Young Man, es una odisea urbanita acompañada de una hermosa y desgarrada partitura del fallecido Arthur Rusell.

El amor, desamor y la dependencia entre dos hombres de caracteres diferentes pero un tanto enfrentados a sí mismos y a la distancia entre sus aspiraciones y sus verdaderos logros. La otra gran protagonista del filme son las calles de la ciudad de Nueva York, fotografiada con esos tonos serios y algo melancólicos de Shame de Steve McQueen y el deambular de los personajes en busca de experiencias nuevas y oportunidades perdidas acompañados de la cámara alternativamente invisible y crispada de Sachs.

El gran mérito del filme es la descarnada sinceridad que pone en boca de los diálogos inteligentes y cáusticos entre la pareja protagonista que muchas veces no se corresponden con sus acciones impulsivas o sus reacciones contradictorias. La películano rehúye el tema del consumo de drogas con naturalidad en la vida de estos dos jóvenes amantes urbanitas sin remedio unidos por la pasión y una íntima comunicación —mostrada con impúdica cercanía y un aplicado montaje—y separados o unidos por el paso de las décadas que convierten su idilio en un peculiar y silencioso campo de batalla.

Keep The Lights On se atreve a mostrar la crueldad, la distancia y el desamparo que también pueden habitar en las relaciones humanas entre dos personas del mismo sexo, aunque muestra la fuerza de la unión y la batalla ante la adversidad. La narrativa es ágil, el tono tal vez algo frio, pero la conmovedora interpretación de Thure Lindhardt como el aparentemente frágil y aniñado Erik, realizador de documentales comprometidos , y, en menor medida, de Zacahry Both como Paul, un joven abogado en el armario y con una fuerte adicción a los estupefacientes, nos acaban situando en un terreno de complejidad emocional y distanciamiento progresivo que, con mirada incisiva, acaba mostrando la dureza de la vida urbana moderna y la erosión del paso del tiempo sobre su, a la vez, cálida y turbulenta convivencia.

El filme ha ido ganando adeptos, a pesar de la aspereza o melancolía de algunas de sus secuencias, debido a la desarmante humanidad de sus personajes. Un filme duro y tierno a la vez, donde no falta el humor, la sensualidad, las dudas y el desparpajo pero que deja una honda sensación de tristeza, una tristeza mucho más seca y polvorienta que la de la refinada Weekend —donde no obstante se reflejaba mejor la sutil homofobia ambiental en un entorno más cerrado y atravesado por silencios— situándose en un terreno universal acerca de la dificultad de comunicación entre los seres humanos y la dificultad por enfrentarse a sus propias contradicciones existenciales.

La aplicada dirección de actores, la cuidada iluminación y la mezcla de tomas largas y planos cortos pero cargados de simbolismo, con abruptos saltos espacio temporales, nos sitúan ante un narrador de primera.




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