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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El camino al lago desierto


¿Quién es este Franz Kain?, me pregunté cuando cayó en mis manos esta pequeña (sólo en extensión) obra maestra editada por Periférica.

El epílogo que cierra El camino al lago desierto, su primer texto traducido al español, explica al lector con bastante claridad y abundante información su agitada vida y pormenores de su obra, motivo por el cual recomiendo leerlo antes que el relato para tomar perspectiva temporal y literaria.

Austríaco de nacimiento, Kain (1922-1997) ejerció de periodista en su país y en la República Democrática Alemana. Deportado por los nazis  al norte de África por su filiación comunista, cuando la guerra terminó pasó años encarcelado por disidente en la RDA.

Al salir trabó amistad con Bertold Brech y Stefan Zweig y otros grandes de la literatura germánica que admiraban su talento. Escribió cinco novelas y bastantes relatos (que espero Periférica se atreva a seguir editando (dado el magnífico aperitivo que nos ha ofrecido con esta presentación); pero su no adscripción (voluntaria o no) a movimiento literario alguno en la posguerra hizo que su nombre fuera arrinconado y sólo fuera conocido por algunos estudiosos.

El relato, de apenas setenta páginas, narra con intensidad y maestría inatendida el viaje emprendido hacia las Montañas  Muertas, una región de los Alpes austriacos, huyendo de un Berlín sitiado ya por los rusos, de uno de los gerifaltes del régimen nazi, Ernst Katelbrunner, personaje de corte viscontiniano: aristócrata, abogado cultísimo, padre de familia ejemplar, amante esposo, y capaz de lo mejor y lo peor. Su lado oscuro como mano derecha de Himmler —Jefe de la Oficina Central de Seguridad del III Reich— se desarrolló con todo su esplendor en la cruzada de exterminación de judíos y el resto de colectivos de indeseables que el régimen consideraba merecedores de borrarlos de la faz de la tierra.

Acompañado de un cazador experto que conoce al dedillo la orografía alpina y dos soldados, el aristócrata nazi se lanza a la ascensión de esas montañas —que como miembro de la elitista Asociación de Montañeros Licenciados conoce perfectamente— en las que espera refugiarse hasta que la guerra termine y pueda regresar al nuevo mundo como nazi vencedor o bajo otro disfraz que le permita sobrevivir, que es de lo que se trata. Pero las cosas nunca salen como se esperan. “Cuando se tala un bosque saltan astillas”, reflexiona la voz en cursiva del protagonista.

El tema no es más que eso: la crónica de una subida a los infiernos nevados de la las montañas. Pero el talento de Franz Kain se encarga de narrarnos esta historia con ayuda de distintas voces y niveles, que van del uso del estilo indirecto a la voz del propio narrador, Kaltenbrunner. Utiliza, también, unas escasas líneas de diálogo, imprescindible para fijar los tiempos. Y además la voz en cursiva del protagonista que cierra algún capítulo nos transporta  a un tiempo pasado. Y todo ello sin caer en el caos estilístico que podría haber surgido en manos menos expertas. Un reto que el escritor austriaco salva con admirable destreza y economía de medios y que no son óbice para que, además, nos  recree la vista con descripciones bellísimas de la flora alpina y el amenazante decorado por el transitan nuestros cuatro hombres.

Resumiendo: un auténtico regalo para cualquier lector.




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