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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Barcelona, una noche de verano


Ambientada en agosto del 2008, Barcelona, una noche de verano sorprende por la soltura con la que el director mueve a sus variopintos personajes aunque no sorprende en muchos de los escenarios y tipos humanos que presenta, en la línea de veinteañeros con problemas sentimentales ya rodados por Cesc Gay en En la ciudad o incluso por Ventura Pons en alguno de sus filmes de episodios basados en relatos de Quim Monzó o apoyados en guiones de Sergi Belbel; incluso algo del muy irregular Roger Gual (Remake).

Un filme coral, una comedia de episodios  en que el que frente a historias sin demasiado interés, como la de esos dos camaradas que eligen la amistad y fidelidad frente a la atracción por dos chicas o las de esas cenas llenas de diálogos mordaces sobre la inseguridad afectiva o profesional, encontramos otros que ofrecen mayor interés. Es el caso de la historia de amor no correspondida que protagoniza Francesc Colomer (Pa negre) o la de una pareja de futbolistas en el armario y presionados por un prepotente empresario del futbol. Tenemos también alguna con ribetes mágicos como la del reencuentro de Roser con su ex, pero casi todo nos suena de dejà vu. Vidas cruzadas que tras sonrisas forzadas ocultan miserias cotidianas y miedo al pasado o, sobre todo al futuro.

Lo mejor de Barcelona, una noche de verano es la agilidad y trasparencia narrativa que Dani de la Orden otorga a sus imágenes (sin grandes aspavientos y sin más ramplonería de la que desprenden algunas de sus criaturas) y la, a ratos, ingeniosa construcción de las escenas de los dos guionistas. No obstante si algunos relatos destacan por su hondura otros destapan la superficialidad de este tipo de historias, ya comunes en el cine europeo, sobre la edad, la amistad  y la transición a nuevas formas de vida.

También en el estilo hay algo del cine indie estadounidense de Vidas cruzadas, aunque aquí encontramos, quizás, más influencia de la televisión o del relato breve que de otros filmes similares.

De la Orden sale airoso de un proyecto bastante ambicioso con un reparto nada desdeñable con nombres como Jean Cornet (La piel que habito), Luis Fernández (recientemente premiado en el Fancinegay de Extremadura por su sensible interpretación)  o Claudia Vega (Eva).

Una historia de vidas paralelas que parecen muy diferentes pero no los son tanto. Aunque el principio homenajea al comic y suena algo acaramelado (las historias de soledad, amor y desamor rodadas con habilidad aunque cierta patina de frialdad, como si el propio director supiera que a pesar de algunos detalles ingeniosos no está contando nada nuevo ni su estructura es demasiado original), Barcelona, una noche de verano desprende cierto optimismo a pesar de la sordidez de alguno de los episodios o secuencias y se ve con sumo agrado lo que es de agradecer en una industria sacudida por el mismo miedo y  complejos que, en ocasiones, paralizan a los personajes del filme.

Una comedia romántica con algún toque ácido o amargo que se ve sin desagrado pero sin dejar demasiado poso. Es una pena que Dani de la Orden, tras su interesante debut, vuelva tenga que regresar al terreno del cortometraje debido al escaso interés de nuestras autoridades por la cultura en general y el cine en particular.




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