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Sara Orúe

Seis palabras

En 2006 una revista americana de Internet retaba a sus lectores a condensar su vida en 6 palabras. Lo que comenzó como un concurso minoritario se convirtió en un éxito casi sin precedentes. Miles de internautas enviaron sus mini biografías, se publicó un libro que se convirtió en un fenómeno empresarial… Lo que parecía imposible, resumir una vida en seis vocablos, resultó algo pausible y exitoso.

—¿Tú qué pondrías, Tío Ra?
—“Nada me salió según lo previsto”.
—Te quejarás. ¿Y tú Julieta?
—“Me falta tiempo, me sobran kilos”. ¿Y tú?
—Déjame pensarlo, amiga, no estoy preparada.
—No me gusta.
—No era la frase, sigo pensando.
—Esta todavía me gusta menos.
—Julieta, no presiones, casi lo tengo.
—¿Quieres dejar de hablar con frases de seis palabras? Me confundes.
—A ver si os gusta. “Nací, crecí, me reproduje y palmaré”.
—Definitivamente sobri, resumir no es lo tuyo.


Pues no soy la única. Vista la enorme capacidad de síntesis de los internautas americanos, me sorprende que los periodistas españoles del corazón y los hígados sean incapaces de abreviar. Hay que ver la cantidad de palabras que derrochan hablando del vestido de novia de la Esteban

—Nadie quería vestir a la novia. Seis palabras.

De las vacaciones de la familia real en Mallorca…

Familia Real pasa frío en Mallorca. Otras seis.

…del estilismo de Doña Letizia

—Flaca, melenita, traje chaqueta: Cursi Real. Seis más, no parece tan difícil.


…de Kiko Rivera y su nueva novia besuqueándose en un balcón de Sevilla.

—Besuqueándose en un un balcón de Sevilla y metiéndose mano en el coche, en un bar, en una esquina, en el portal…
—Eso son mucho más de seis palabras.
—Es que la parejita no nos ahorra magreos, ¿por qué tengo que ahorrarles yo palabras?

¿Ves? Te pasa como a los mamarrachi

—Paparazzi querías escribir.
—Si tú lo dices Tío Ra.

Que no saben ahorrarnos noticias absolutamente prescindibles.

—Es que ellos se ganan así la vida.
—Pues que se la pierdan un poquito, uf, qué cansinos, de verdad.

Seis palabras no son demasiadas. Claro que, según para qué, te sobran seis. Y a los ejemplos anteriores me remito, seis son demasiadas para hablar de cualquiera de esos temas. Y hablando de temas, ¿me permiten que cambie de tema?

—Si digo que no, ¿qué pasará?
—Que cambiaré de tema igualmente y te molestarás conmigo.
—OK, entiendo. Cambia de tema querida amiga.


Entre tres y cinco son los centímetros de altura que se puede “crecer” sometiéndose a una sencilla operación de cirugía estética que consiste en implantar entre el cuero cabelludo y el cráneo un  implante de no sé qué sustancia. Lo he leído en El Periódico.

—¿En cuál?
—En El Periódico.
—Ya, sobri, ¿en cuál?
—Ya, Tío Ra, en El Periódico.
—Sobriiií…
—En el periódico El Periódico Tío Ra. Claro que a lo mejor también salió en El País y en El Mundo. Y no me preguntes en qué país y en qué mundo porque la tenemos.
—Hay otros mundos, pero mi sobri no los conoce.

Volviendo a la noticia, ¿qué me dicen de lo del implante de silicona bajo el pelo?

—Que más que crecer tres centímetros lo que tienes es la cabeza más larga.
—Eso mismo digo yo. Mira tengo un compañero de trabajo que lleva alzas.
Jesús, eso es necesidad y poco sentido del ridículo.
—Cuando las lleva sigue siendo muy bajito, pero con las piernas un poco largas. Como se entere de esta cirugía para crecer se apunta fijo. Y será un poco menos bajito, piernilargo y cabezón.
—Como la Barbie.
—Es un parecido razonable.
—Se dará una extraña situación: gente más alta que tú puede tener los ojos por debajo de los tuyos.
—Resume esta noticia en seis palabras.
—Veamos, ¿qué te parece “Más cabeza, más altura, poco cerebro”?
—Cruel, me parece cruel.




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