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Viajar al óleo

Armando Cerra

Las Casas Amarillas de Arlés

Cuando Van Gogh llegó a inicios de 1888 a Arlés, la ciudad le recibió con una nevada. Es decir, dos hechos excepcionales para los arlesianos: la llegada de un genio y ver caer copos de nieve, en una ciudad a la que el pintor holandés iba en busca de colores y luz. Intentando así recuperar su salud mental, curarse de sus fracasos amorosos y de las venéreas, e intentar convertirse en un pintor que viviera de su arte.

No obstante, la nieve ya era un mal augurio. Y cuando al año siguiente, Vincent abandonó Arlés seguía con la mente trastornada, continuaba siendo un habitual de los burdeles, aún era pobre de solemnidad y además tenía una oreja menos. Una oreja que se cortó precisamente en las habitaciones de esta Casa Amarilla/Maison Jaune tras una violenta discusión con Paul Gauguin.


"La Maison Jaune", de Van Gogh

De hecho, Van Gogh había alquilado varias habitaciones en este inmueble de la place Lamartine para acoger allí a otros pintores y crear así una comunidad artística. Sin embargo, pese a llamar a varios amigos hechos en su estancia en París, ninguno acudió. Solo llegó Gauguin, y éste obligado por el hermanísimo Theo van Gogh quién a cambio de comprarle unos cuantos cuadros le convenció para que acompañara a Vincent en su proyecto.

Ya nos contaron Kirk Douglas y Anthony Quinn cómo acabaron aquellos meses de convivencia. Sin embargo, por el camino uno y otro crearon algunas de sus grandes obras. En el caso del Loco del pelo rojo, tal vez las más famosas de toda su producción pictórica. Lo cual no impidió que él siguiera sin vender ninguna, ni siquiera en su Arlés adoptivo.

Quién viaje a esta ciudad de la Provenza que no busque cuadros de Van Gogh, no los hay. Nadie en la ciudad se los compró, y sin embargo hoy muchos arlesianos viven gracias a Van Gogh. Quién viaje a Arlés si hallará infinidad de postales y reproducciones, una ruta por sus calles que muestran los rincones que pintó y multitud de souvenirs alusivos al triste genio holandés.


"La falsa Maison Jaune", de Mónica Grimal

Como ejemplo, la Maison Jaune de la fotografía, que no es la verdadera Maison Jaune de Van Gogh. Porque la casa alquilada por el pintor ya no existe como tal y su solar lo ocupa un hotel. Mientras que la imagen fotografiada muestra una tienda de recuerdos en la que pican los numerosos turistas que se acercan hasta el cercano Anfiteatro romano. Por cierto, un monumento convertido en plaza de toros a la que acudió en numerosas ocasiones Picasso y en la que rodaron carreras y persecuciones Robert de Niro y Jean Reno.

Es decir, si al enorme patrimonio histórico y artístico de Arlés se le suman los recuerdos de la estancia de Van Gogh en sus tabernas bebiendo absenta y la posterior presencia de todos los genios citados estas líneas, será que esta ciudad merece una visita. Como también la merece el Van Gogh Museum de Ámsterdam, donde se expone esta obra y la mayoría que Vincent enviaba a su hermano Theo y que éste nunca consiguió vender, creando una colección que hoy tiene un incalculable valor económico, cultural y turístico.

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