Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

ZONA DVD: The Ward


Es difícil definir la trayectoria irregular de un creador tan personal y a la vez tan sujeto a los dictados de la taquilla como John Carpenter. Pero sin duda se trata de uno de los nombres más personales del cine de terror de los ochenta, mas accesible y menos intelectual que Cronenberg, pero con una serie de filmes entre los que podemos descubrir rasgos comunes.

Carpenter se hizo famoso por la primera película de Haloween, donde dirigía con cierta destreza no exenta del trazo grueso en el retrato de los secundarios que lo ha acompañado toda su carrera, aunque su fama como autor le viene por películas como La niebla, La cosa o” o su elegante remake de El pueblo de los malditos. A medio camino entre el cine de miedo para la taquilla y para el espectador medianamente preparado, sus películas nunca han sido perfectas pero su trayectoria está innegablemente unida a una personalidad artística muy singular que no desmerece en absoluto al lado de nombres como Brian de Palma, Tobe Hopper, Wes Craven o incluso Sam Raimi, capaces de hacer cosas serias pero coqueteando siempre con los códigos del género, la cultura pop y la serie B, con su extraño amor por todo tipo de público.

Carpenter parece no haber rodado aún su obra maestra y estar demasiado perdido entre los fetiches del género. Un género que se ha transformado con y sin él. Su última película, The Ward, está dotada de un innegable encanto y Carpenter juega con el espectador dando protagonismo a una joven (encarnada con esfuerzo por Amber Heard) con problemas mentales recluida en un ominoso sanatorio  de aspecto “gótico” donde no tardan en “pasar cosas raras”.

Pero más que por su sorpresa final (deudora de la intensa pero afectada Sutter Island de Martin Scorsese), The Ward vale más por la extraña relación entre las chicas del internado, que oscila del amor al odio o los celos, y por el retrato nada amable de la “institución” que por su contenido argumental o incluso su terrorífica (y cercana al gore) parte final. The Ward, como Vampiros, parece hecha sin mucho presupuesto ni demasiada ilusión aunque en esta ocasión Carpenter muestra que está (como ocurría con mayor fortuna y alcance  en Están vivos) más cerca del cine de terror sociológico que puramente psicológico a pesar de personajes como el Janson de Haloween o el protagonista de En la boca del miedo, donde Carpenter parece reírse con calidez del famoso Stephen King.

The Ward es una versión morbosa y desbocada de la pulcra  e igualmente femenina Inocencia interrumpida, con sus corredores infernales y sus medicaciones extrañas,  y, a pesar de su final conciliador e inesperado,  no da una imagen demasiado amable de la clase médica y sus ayudantes, interesándose sobre todo en los sentimientos de las jóvenes o adolescentes allí recluidas y su contacto con el “mal”. El filme transmite el mensaje de que los doctores no necesitan ser violentos porque otros ya lo son por ellos, aunque derivando hacia el cine de género y sus coordenadas habituales.  Es un Carpenter menor pero que se ve con agrado y nos retrotrae, en algunas secuencias, al verdadero cine de terror donde los personajes intentan (como en En la boca del miedo) explicarse a sí mismos en un entorno absurdo, enrarecido  y amenazante. Carpenter sigue por sus caminos, sin temor a sorprender o decepcionar.

Encerrada




Archivo histórico