Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Próxima parada: literatura

Ramón Acín

La España del ladrillo y del pelotazo: un viaje (lúcido/agrio)


Ajuste de cuentas de Benjamín Prado, recientemente publicada por Alfaguara, proporciona la temperatura climático-ambiental de nuestro país hoy y, por supuesto, también la personal de los españoles como individuos (el individualismo parece actualmente la más sólida tabla de salvación, tal vez porque así  nos lo ha vendido un arrasador neoliberalismo). Y lo hace abordando en gran medida la problemática que rodea al, cada vez más, putrefacto cadáver peninsular. Un cadáver que es la resultante de una época donde (casi) todos los ciudadanos moríamos de éxito. ¿Qué nos está pasando? ¿Dónde están las raíces de tan larga y molestísima enfermedad, ésa que nos ha abotargado hasta la extenuación? ¿Cómo hemos permitido el estulto gaseamiento ideológico, social y personal que, amén de ahogarnos en la culpabilidad, nos ha sumergido en el pesimismo y nos ha abocado, de nuevo, a la aceptación de yugos que creímos haber vencido y  hasta olvidado?… En parte, Ajuste de cuentas puede servirnos de respuesta, porque, durante su lectura,  la reflexión camina pareja al grato adentramiento en de la trama y a su asunción.

De la mano de Juan Urbano, viejo conocido para quienes sean adictos a Benjamín Prado, se insta a una ardua navegación por el mar de duda (y, por tanto, con la ilusión de un hilillo de esperanza). La duda que envuelve al protagonista de la novela, un escritor venido a menos y sin ideas, a quien, en la época de vacas flacas que está sufriendo, le asalta la posibilidad de salvar su trasero si hace la vista gorda. La salvación consiste, simplemente, en llevar a puerto el encargo de una biografía donde la alabanza obligada no cuadra con la ética del intelectual que, presumiblemente, es un escritor. Éste es el germen o la semilla que alimenta y sobrevuela en toda la trama. Por ello, la actual crisis social, tan opresora y abundante en la novela, es normal que corra pareja a la crisis personal del escritor.

Martín Duque –con tal nombre, apenas resulta dificultoso otorgar un rostro adecuado al personaje de la ficción— es el personaje motivo de la  biografía. Tras levantarse de su caída que incluso le ha llevado a la cárcel, Martín Duque, símbolo de las fulgurantes  escaladas de bastantes “prohombres” de la empresa o de las entidades financieras en las dos últimas décadas de nuestro país, busca un ajuste de cuentas. De ahí la necesidad de una biografía donde, al compás, de su vida hacer sangre con sus enemigos. Lógicamente, a la luz de la lógica, el biografiado, no atesora un conglomerado de virtudes y sí todo lo contrario. Sin embargo, en la época del “pelotazo” cualquier negatividad ha sido vendida como virtud al aceptarse como normal que “ser un completo sinvergüenza ya era ser medio rico”. El dilema está servido y, con él, también, el espejo (múltiple) de la realidad. Obligada es pues la presencia de un sinfín de reflejos provenientes  (y aún visibles) de nuestra actual sociedad, de situaciones tendentes al ocultismo, de salidas por la tangente, del culto a las apariencias, de la ambición desenfrenada, de la emulación sin cerebro, de la atosigante necesidad de éxito, de un morir por el consumo, de la pasión por el dinero, del egoísmo… tan propios de este mundo dominado por la burbuja inmobiliaria y bancaria de la España más reciente. Todo ello camina parejo (en contraste, a la par o a contraluz) a la recesión económica que hoy, tan vivita y sin dejar de colear, ahoga al país. Son los elementos que actúan como  telón de fondo de la historia narrativa y que, en definitiva, se convierten en toda una crónica de la España más reciente, donde ha desaparecido cualquier valor digno, ahogado o emponzoñado por el dinero, el éxito fácil y afán de notoriedad caiga quien caiga y caiga lo que caiga.


Mientras Juan Urbano se ve mecido en ese mar de dudas, agitado en direcciones contrarias por la conciencia o por la necesidad, su profesión de escritor se hace patente en la novela al comentar las ideas que, de no estar metido en el fregado de la biografía, podrían o  deberían acabar en cuentos suyos. Benjamín Prado, en un lúcido juego literario, se apodera de ellas y escribe Qué escondes en la mano, siete relatos sobre la identidad.  Un libro que puede verse (y leerse) de manera independiente a Ajuste de cuentas, aunque, a la vez, forme parte de él. En ellos el condicional aventura la sugerencia y adensa la perspectiva de la novela. El “qué pasaría sí” adquiere una fuerza inesperada y lanza los relatos por veredas de una grata atracción lectora no exenta de profundidad y reflexión, además de constituir un espléndido broche de la novela. Nada como instar a imaginar situaciones, actuaciones o formas de ser sobre alguien que, al final, lo más seguro, apenas tendrán coincidencias con la realidad. De nuevo, la invitación a caminar por la duda, al compás del ondulante vaivén que mece lo que uno imagina y lo que la realidad es, lo que se esconde y lo que se muestra, lo que se desea y lo que acontece… Reparar también la importancia y aviso clave de Coleridge (Samuel Taylor) porticando el libro

Benjamín Prado. Ajuste de cuentas. Madrid, Alfaguara. 2013. 275 págs.
Qué escondes en la mano. Alfaguara. 2013. 99 págs. 




Archivo histórico