Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Tortura


La tortura vista por Guamán Poma de Ayala

Billy el Niño, Bolinaga, Astiz; ¿les suenan estos nombres? Sí, son algunos torturadores de la historia reciente, unos tipos que han hecho mucho daño, que han infligido crueles castigos a personas que, ante ellos, estaban indefensas y desprotegidas de todos sus derechos. Puede ser que creyeran que lo hacían por un bien superior, que simplemente se estaban enfrentando a un enemigo que habría hecho lo mismo con ellos llegado el momento. Puede ser. Pero ninguna explicación o razonamiento, por cínico, oportunista o pragmático que llegue a ser puede justificar la tortura. ¿No? Quizá, desde nuestras butacas de espectadores de cine o televisión, hemos banalizado un poco la tortura cuando, por ejemplo, hemos visto a Jack Bauer (en la serie 24) ponerse manos a la obra con un sospechoso de tener información sobre una bomba nuclear colocada en el centro de Los Ángeles: sabíamos que tenía razón, que necesitaba lo que aquel fulano conocía para detener una masacre… pero incluso unos guionistas que trabajan para la Fox eran capaces, de vez en cuando, de mostrarnos que había habido un error, que el agente había estado a punto de torturar a un inocente… y entonces, esa tortura hubiera sido una barbaridad; pero si era de los malos, nuestra conciencia (televisiva, pero conciencia) miraba para otro lado. Es verdad que cuando nos mostraron algo de lo que pasaba en Abu Ghraib o en Guantánamo, la indignación se hizo notar: No está todo perdido.


A y JC me regalaron hace unos días una novela de un escritor francés Jérôme Ferrari (París, 1968) que ha sido ganador del premio Goncourt 2012, aunque no con esta, que se titula Donde dejé mi alma (Demipage, con traducción de Sara Martín Menduiña) sino con El sermón y la caída de Roma.

En Donde dejé mi alma se habla de dos personajes, dos militares franceses que están en la guerra de Argelia, la guerra que terminaría en la descolonización del país, una guerra que fue muy sucia en la que el terrorismo por parte de los independentistas y la tortura por parte del ejército colonial fueron las prácticas habituales; también los franceses practicaron el terrorismo (la OAS) y los argelinos la tortura. Hay un militar que tiene algunos problemas con esas prácticas; hay otro que las asume como parte de su deber.

Uno de ellos estuvo en la resistencia y fue torturado en su momento; ambos, lucharon en la guerra de Indochina y sufrieron el horror de los campos de reeducación. Y ahora se enfrentan a un enemigo muy difícil, que lucha de otra manera, que cuenta con el apoyo más o menos directo de la población, un enemigo que es cruel, que mata indiscriminadamente, que no respeta las reglas de la guerra. Y ellos, tampoco, ellos, los franceses, quieren terminar con un problema con el que es imposible terminar (así lo dice uno de los rebeldes argelinos detenidos y así lo demostró la historia).

Donde dejé mi alma es una novela en la que se plantean con crudeza los dilemas de sus personajes, en la que las descripciones si ser gore no ocultan nada esencial, en la que el lector se plantea también algunas de las dudas de los protagonistas y duda ante las certezas de estos. Es una novela sólida y eficaz; apasionante y demoledora.


Hace unas semanas, leí un libro póstumo de Jorge Semprún, Ejercicios de supervivencia (en Gallimard; no está todavía traducido al español). Es un corto volumen de carácter memorialístico en el que el autor habla sobre la tortura, sobre cómo le advirtieron de que sería, y con qué métodos, torturado cuando fuera detenido por los nazis; sobre ese momento de la tortura (si bien Semprún no da detalle alguno sobre lo que sufrió, únicamente dice que nunca pudo, después, bañarse en el mar o en una piscina en compañía de más gente); sobre las diferentes maneras de sobrevivir y de admitir lo ocurrido por parte de quienes han pasado por ello; sobre el miedo y el recuerdo.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




Archivo histórico