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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

El sabor de la sal


Una cena familiar organizada por Louise, la madre, va a reunir a tres hermanos de la misma familia: Albin, Jonas y Fanny. La figura ausente del padre, Armand, un pescador del pueblo costero de Séte en el mediodía francés, se convertirá en el motor de la novela.

Con este material, y en el plazo de un día, La sal (Cabaret Voltaire), despliega ante los ojos del lector un abismo familiar focalizado y narrado a través de todos sus miembros en el que cada uno aporta su visión personal de los acontecimientos que vivieron juntos.

Jean-Baptiste del Amo, el talentoso autor de Una educación libertina, revalida su potencia literaria a pesar de su juventud y su no-adscripción a ninguna de las corrientes literarias de su país; lo cual me reafirma en la opinión que es uno de los escasos autores franceses que, desde hace más de diez años, me interesan porque me conmueve y me deslumbra en cada página que escribe. Su francés (es de obligado cumplimiento leerle en su lengua original a pesar del extraordinario trabajo de su traductora española Lydia Vázquez) huye despavorido ante todo lo que suene a impostada modernidad. Su estilo, posiblemente, radique en carecer de él, aunque esta aseveración suene a Perogrullo. No hay dos novelas más distintas en cuanto a estilo, temática y construcción que Una educación libertina y La sal y, sin embargo, tan preñadas ambas de la insólita personalidad literaria de su autor. Si el escenario histórico (el París del siglo XVIII), en el que se desarrollaba la primera,  facilitaba ciertos trampantojos literarios de origen clásico, estos estaban construidos con tal pericia y tan modélicamente acoplados a su prosa que más que un defecto eran un ornamento preciosista del gran orfebre de las palabras que es Del Amo.

En La sal lo que busca es un equilibrio, un punto de encuentro, entre el pasado y la actualidad. Es la historia de la memoria de cuatro personajes que intentan recomponer con las teselas fragmentadas de sus recuerdos  “la verdad” sobre la vida que compartieron y sobre la figura del padre ausente. Pero como muy bien apunta el autor: “Los vivos siempre tienden a desfigurar la memoria de los muertos”, y su maestría consiste en hacernos ir oyendo una tras otra esas voces para lograr reconstruir la figura de ese padre muerto que aún habita en sus vidas de forma poderosa y mitificada por el propio recuerdo.

La novela se divide en tres partes que llevan cada una el nombre de las antiguas Parcas que tejían el hilo de la vida humana: Nona, Décima y Norta. La primera sostenía la rueca, la segunda se ocupaba de la fortuna que le esperaba al individuo y la tercera cortaba el hilo de la vida. Del Amo utiliza esta triada clásica para fijar el diorama de unas vidas dispersas donde la violencia, la homosexualidad, las relaciones parentales y fraternales son el caldo de cultivo donde aflora esa “malaigua” en que suele convertirse la vida familiar. Y el mar siempre como telón de fondo que alimenta y carcome, a la vez, esas vidas impregnadas de salitre.

La sal, como ya he dicho, se desarrolla en una sola jornada, al estilo de La señora Dalloway de Virginia Wolf de la que toma un extracto de su Diario para abrir el libro, pero hasta ahí las semejanzas; la prosa de Del Amo es mucho más dura, impulsiva y cruda que la de la autora inglesa. Puestos a buscar referentes me decantaría por Proust, Ernaux, Winkler, y hasta el mismo Joyce, que ya existía antes que el Noveau Roman. Todas estos rizomas literarios nutren la savia creadora de este magnífico escritor ya laureado con los mejores premios galos de literatura, tan discreto y tímido en persona (pude conocerle en la presentación de su novela en Madrid) como grande y único en su arte de amaestrar las palabras.




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