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Desde la sexta fila

Bamba & Lina

El crédito

LA OBRA


EL CRÉDITO

AUTOR: Jordi Galcerán

DIRECCIÓN: Gerardo Vera

ELENCO: Carlos Hipólito y Luis Merlo

Teatro Maravillas. Madrid
Desde el 27 de septiembre

TAMBIÉN EN BARCELONA

EL CRÈDIT

DIRECCIÓN: Sergi Belbel

ELENCO: Jordi Boixaderas y Jordi Bosch

Sala Villarroel. Desde el 13 de septiembre

La opinión de Bamba

Escuché una vez decir a Jordi Galcerán que siempre empieza a escribir en modo serio, pero que su escritura siempre derrapa hacia la comedia.

Y a la vista del éxito de sus obras, está bien que así sea. La última, El crédito, no deja de provocar carcajadas a partir del momento en el que el personaje encarnado por Luis Merlo plantea su amenaza: si no me da el crédito, entonces, entonces… podría contárselo, pero no quiero estropearles ese primer golpe (otros lo harán, seguro).

La obra es, básicamente, un diálogo entre el cliente y el director de la sucursal bancaria (Carlos Hipólito: ¿qué haremos cuando este hombre falte de escena?), conversación en la uno y otro van ocupando la posición de fuerza, y un par de conversaciones telefónicas entre el bancario y su señora esposa, protagonista involuntaria del asunto crediticio y, a la postre, gran vencedora del enredo.

Un enredo que tiene un final que hubieran firmado los mismísimos Billy Wilder e Izzy Diamond, los guionistas de Con faldas y a lo loco, esa película con un final (soy redundante, lo sé) de película, ¿recuerdan?

Jack Lemmon: No me comprendes, Osgood. (Se quita la peluca). Soy un hombre.
Joe E. Brown: Bueno, nadie es perfecto.

Gerardo Vera, hombre de cine y de teatro, director de esta obra que cuando parece desfallecer tras una primera parte de fuegos artificiales (no confundir con “de traca”) levanta el vuelo aún más poderosa, habrá disfrutado con esta perita en dulce.

La opinión de Lina

El crédito es, sobre todo, un texto oportuno y eficaz que conecta con el público desde las primeras frases y mantiene su fuerza y la capacidad para arrancar la carcajada general hasta la última palabra.

El montaje, acorde con los tiempos de escenografía austera que corren, se permite un único extra, ya habitual: una proyección. Proyección que, en este caso, rompe las barreras de la claustrofobia que podría haber creado el tono oscuro de un escenario apenas amueblado y habitado.

En cuanto a la interpretación: Carlos Hipólito no defrauda; Luis Merlo supongo que mejorará función tras función. Mientras trataba de saltarme sus atascos verbales, luchaba por desterrar de mi cabeza una pregunta empeñada en instalarse en ella: ¿habría sido él el elegido para el papel si el teatro en el que nos encontrábamos no hubiera sido de la familia?




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