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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

The East


Presentado  al público como un filme sobre los grupos ecoterroristas contra las grandes empresas, The East resulta ser una historia bastante intimista y algo estrámbotica sobre el descubrimiento de facetas ocultas de nuestra personalidad al tomar contacto con otras formas de vida alternativas o distintas, disidentes y poco bien vistas por los mecanismos del mundo aparentemente pulcro a la que pertenecemos.

Esto le ocurre a Sarah (Brit Marling), la accidentada protagonista, una agente del FBI infiltrada en un supuesto grupo que se dedica a boicotear a las grandes corporaciones al tiempo que conjugan una vida cercana a lo hippie o poshippie con los pequeños sabotajes, llegando, involuntariamente, a la autoparodia.

La interpretación de Marling (coguionista del filme) y la solvencia de nombres bien reconocidos en el cine europeo o estadounidense del momento como Alexander Skarsgård, Ellen Page o Patricia Clarkson (perfecta en el papel de una maquiavélica directora de un emporio empresarial) ocultan que, en el fondo, se nos está contando bien poco. El ritmo fluido, los personajes trabajados y la soberbia actuación de Marling no obstante sostienen un relato alambicado y, en algunos momentos, poco o nada creíble.

Hay en el filme, a pesar de algunas situaciones tragicómicas que rozan involuntariamente el ridículo, un ajustado equipo técnico que sabe como enganchar al espectador a través del personaje de Sarah, envuelta en un mundo a la vez pequeño, anticuado y revolucionario que no tiene gran solidez pero que le llevan a situaciones complicadas con su propia personalidad de agente doble y a algunos cuadros visuales interesantes.

Suponemos que The East intenta trasmitirnos algo sobre la indefensión de los ideales y los idealistas (aquí algo dispares, y más peculiares que inquietantes) frente a los intereses macroeconómicos (de empresas farmacéuticas, grandes compañías hidráulicas) , algo sobre las sectas pacíficas o no tan pacíficas, algo sobre el disfraz pero se queda en un elegante y entretenido thriller, con apuntes sociológicos, sobre una joven en apuros que, como la Ingrid Bergman de Encadenados de Hitchcock, se involucra más de la cuenta en el caso en que trabajo, llegando a intimar con ese grupo y a ser alcanzada por los sentimientos (algo exagerados en algunos momentos de la cinta) de esos atípicos “anti-sistema” que mezclan un regusto a “cristianos de base” con toques de antiguos anarquistas en horas bajas.

Algunas secuencias aisladas como el encuentro amoroso de la protagonista y el cabecilla del grupo demuestran que estamos ante un argumento algo manido pero ante un director nada vulgar, Zal Batmanglij. Así, en contra de los pronósticos, The East vale más por cómo y quién lo cuenta que por lo que cuenta. Hoy por hoy su mensaje se ha quedado pequeño y sus buenas intenciones no llevan a ningún lugar especial a los personajes.

Un filme que nunca aburre, rodado con dinamismo e interpretado con sensibilidad, pero que deja un melancólico sabor a decepción. El hábil montaje y las complejas relaciones entre los personajes no logran ocultar que es un thriller con alguna pretensión de denuncia que no cala ni en el filme ni en los que aparecen en él.

El este




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