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Errata

Evaristo Aguirre

No sé leer


Claude Monet (1874) por Renoir (National Gallery of Art. Washington DC)

No sé leer. Sí que relaciono sin equivocarme unas letras con otras y reconozco, y comprendo, las palabras que forman, incluso entiendo bien párrafos y páginas y hasta libros más o menos complejos, en la forma y, a veces, en el fondo; creo que puedo decir también que leo con cierta rapidez y, al menos para mí, eficacia: leo mucho y bien, en el sentido de que leo cosas que me satisfacen mucho, de las que he aprendido, con las que he disfrutado y he vivido; vamos que sí que sé leer, que conozco la mecánica y la pongo en práctica cada vez, cada día, con pericia, lo que ocurre es que no sé leer –no he sabido hacerlo nunca– con un plan, no he sabido organizar mis lecturas como quien construye un edifico, o un murete, para que lo último se sustente en lo anterior, se complemente y se consolide.

Sin saber leer, me ha ido bien, pero a menudo he pensado en que podría disfrutar más y sacar un mayor provecho de mis lecturas de haber existido ese orden previo, ese plan. Quienes han estudiado filología o alguna carrera similar, quienes han tenido que adaptarse a un plan de estudios literario cuentan con esa base, con el conocimiento de esas conexiones entre épocas, entre autores, que a veces echo en falta cuando estoy con un libro en las manos. También los hay autodidactas, y esos me dan mucha envidia.

Creo que ya es un poco tarde para hacer algo serio al respecto; no me veo poniéndome con ese plan para aprender a leer, pero sí que es posible (y justo y necesario) intentar tapar agujeros, cubrir lagunas, completar y todo eso.

Anoche, unos amigos comentaban la reedición del libro Falange y literatura de Mainer, y en esa charla, como me ha ocurrido en otras ocasiones, eché en falta ciertos conocimientos, ciertas herramientas, para poder explicar mejor, quizá solo para poder explicar, por qué ese escritor o aquella novela me parecen notables y destacables, o cuál es la razón que me lleva a pensar que en determinado caso lo que se cuenta –deleznable, por ejemplo– tiene una importancia mucho menor que cómo se cuenta.

Estoy a tiempo de progresar algo, no del todo, pero algo, aunque esto, por lo que se dice por ahí, se debe de hacer mucho mejor de la mano de un maestro, y me ha acordado de ello leyendo a los discípulos de dos de esos maestros que han muerto hace poco, Martín de Riquer y Carlos Blanco Aguinaga. Tiene que ser una muy buena cosa haber seguido uno de esos planes de lectura con una guía de ese nivel.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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