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El secreto de la invención

Daniel Tubau

El rey que se apostó a sí mismo

danieltubau@gmail.com

En artículos anteriores... hablé de las leyes del azar en la Grecia homérica y del uso del juego de los dados en las leyendas de la conquista de Troya. Hoy viajaremos a la India legendaria para encontrar el azar en su gran épica, el Mahabharata, un texto varias veces más extenso que las dos obras de Homero juntas.

El Mahabharata cuenta la historia de los bharatas, es decir de los indios, y los dados juegan (nunca mejor dicho), un papel fundamental. La historia es larga y llena de desvíos narrativos, pero intentaré resumirla aquí.

Tres hermanos, Bhima, Arjuna y Yudhistira, son los protagonistas de la epopeya, que culmina en la terrible batalla de Kurukshetra, en la que se enfrentará su familia, la de los pandavas, con sus rivales, pero también familiares, los kaureva. De los tres hermanos, Bhima es una especie de Hércules imparable, mientras que Arjuna es un héroe complejo, que se debate entre el deber y sus escrúpulos morales en la batalla final, escena que se cuenta en el fragmento de la epopeya conocido como Baghavad Gita.


La batalla de Kurukshetra

El tercer hermano, el rey Yudhistira es razonable, sensato, justo e incorruptible, un verdadero ejemplo moral: es casi la personificación del dharma o ley moral y natural.

Aunque sus hermanos y cuantos le rodean valoran y respetan la rectitud y bondad de Yudhistira, el rey tiene una gran debilidad en el juego de dados: "Nunca puedo rechazar un desafío". Como dijo alguien que ahora no recuerdo: “Dadle a los grandes hombres grandes debilidades”.
Duryodhana, enemigo de los pandavas, decide aprovechar la debilidad del rey Yudhistira y le invita a un juego de dados en el que el astuto Sakuni jugará por él. Yudhistira acepta, aunque es completamente consciente de que su rival es un experto en el juego y que, además, hará trampas para vencerle: "Un rey no puede rechazar el desafío de otro rey", dice, apelando a su sentido del deber, aunque algunos comentadores explican que es tan sólo una forma de justificar su vicio por los juegos de azar.


Shakuni, el engañador

Se celebra entonces el combate de dados y Yudhistira acepta incluso  jugar con los dados que han sido fabricados con los huesos del padre de Shakuni, su rival en la partida. Son unos dados que permiten que aparezca la cifra deseada por quien los lanza, es decir, neutralizan el azar propio de este juego.

—¿No es eso poco ortodoxo? -protesta levemente Yudhistira.
—¿Rechazas el desafío? —le pregunta su rival.
—Lo que debe ser será.

El juego comienza y continúa hasta que Yudhistira pierde todas sus posesiones, así que, apuesta tras apuesta, el rey se juega a sus hermanos Bhima y Arjuna y a todos los soldados de su ejército. Por fin, se apuesta a sí mismo y pierde de nuevo. No le queda ya nada, excepto su esposa Draupadi, a la que también pierde. Draupadi, por cierto es esposa de los tres hermanos (Bhima, Arjuna y Yudishtira), algo insólito en casi cualquier cultura, donde son los hombres quienes suelen tener varias esposas y no al contrario.


Draupadi y sus cinco esposos

Los rivales del rey van a buscar a Draupadi, pero ella rehúsa quedar en manos de los vencedores. Entonces, un tal Duhsasana quita las ropas a la mujer delante de todos, pero Draupadi sigue vestida. Una y otra vez le arranca las ropas y una y otra vez ella sigue allí, sin que su desnudez sea mostrada.

Un silencio absoluto desciende sobre el inmenso salón. Hay sólo dos personas en el mundo. Allí está Draupadi, vestida y dominada por la ira. Allí está Duhsasana, exhausto y repentinamente asustado. Se adelanta entonces Bhima y sus palabras se escuchan en los tres mundos: "Duhsasana, cuando llegue la batalla final, yo mismo te abriré el pecho y beberé tu sangre".


Krishna impide que Draupadi quede desnuda

En el desenlace de esta historia, Draupadi obtiene la protección del propio padre de su rival, al convencerle de que ella no puede ser entregada como trofeo, puesto que su marido la apostó en el juego de dados cuando ya se había apostado a sí mismo, por lo que había perdido el derecho sobre ella y no podía jugársela en una nueva apuesta. El viejo rey ciego, no tanto convencido por el impecable argumento sino atemorizado por las consecuencias futuras, pues advierte que los pandavas cuentan con la protección del dios Krishna (la personificación de Vishnu en el Mahabharata), concede a Draupadi varios deseos, que llevan a la liberación de los hermanos y del propio Yudishtira.

Tras esta escena del juego de los dados hay mucho más, pero no puedo detenerme aquí a analizar todos sus detalles. Sí me interesa señalar lo curioso que resulta que el personaje que es la personificación de la ley, la ley que gobierna la vida de los seres humanos, pero también la ley natural y la ley moral, tenga una relación tan estrecha con el azar, al combinarse, en Yudhistira, la rigidez del deber, la fatalidad y la imposibilidad de escapar al destino ("Lo que ha de ser, será"), con el azar de un juego de dados. En próximos artículos mostraré que en la Grecia de los primeros filósofos alguien combinó de manera explícita azar y destino.

Por otra parte, el importantísimo papel que el juego de los dados tiene en el Mahabharata parece indicarnos algo acerca de las representaciones de partidas de dados entre héroes de la Ilíada (Palamedes y Tersites o Áyax y Aquiles) y nos parece señalar hacia aquella escena perdida que Homero no incluyó en su relato, pero que sí debió conservarse en las tradiciones populares de la guerra de Troya. Porque sucede que las coincidencias entre el Mahabharata indio y la épica griega no son casuales. Pero de eso hablaré la próxima semana.

 

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www.danieltubau.com




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