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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Dark Skies


Este descenso a los infiernos de una familia de clase media estadounidense en apuros económicos es la mejor película de Scott Stewart y también uno de los títulos de suspense más equilibrados en cuanto a su fondo y su forma. Es una de las apuestas más estimulantes del género fantástico   de los últimos años que, a diferencia de filmes con los que puede ser comparado como Intruders o The Conjuring, luce un ritmo dinámico con audaces saltos espaciales y primeros planos de los intérpretes y un montaje lo suficientemente inteligente y trabajado para inquietar al espectador sin necesidad de demasiados elementos típicos en el género en el que se inscribe.

Estamos posiblemente ante una de las mejores películas de miedo estadounidenses que debe mucho a clásicos como Poltergeist o algunos títulos de Cronenberg o Carpenter, ya que retrata un mundo aparentemente anodino donde los dos jóvenes vástagos van a entrar en contacto con el mal. No obstante, Dark Skies es una grata sorpresa a caballo entre el cine independiente, televisivo y comercial. Viéndola, nunca  sabemos si estamos ante  una invasión extraterrestre, una fuerza paranormal dispuesta a sacudir los frágiles cimientos de una familia que intenta vender su casa y mejorar su situación, o un descenso progresivo hacia la locura lo que emparenta con trabajos de Polanski como La semilla del diablo o Repulsión.

En lo que a los actores respecta, si Josh Hamilton resulta bastante creíble como un  inseguro padre de familia, Kelly Rusell, a pesar de su presencia y  esfuerzo, no logra convencer a la cámara, ya que se limita a posar con aire de actriz antigua y madre algo neurótica y superada por unas circunstancias que, debido a su situación, no sabemos con certeza si ocurren en la mente de los protagonistas o son fruto de realidades paralelas que se han infiltrado en una casa en crisis. Hay también una breve pero significativa aparición de J.K. Simpson.

El director de películas flojas como Legión o Priest se aproxima aquí a los mejores títulos del género mezclando el drama familiar con el terror que se va inscribiendo en los cuerpos y las mentes de los protagonistas, con esas fugaces conexiones con la alteridad y choque con un entorno incrédulo. Aunque alguien puede encontrar algo gratuito o manido en el argumento, Dark Skies sabe aterrorizar sin necesidad de litros de sangre, mucha violencia o fantasmas recurrentes, ya que cada paso en la historia supone un avance hacia lo “siniestro” pero también va completando el retrato del desequilibrio mental y afectivo de una familia aparentemente “normal” cuando sus vecinos les dan la espalda o deben enfrentarse a una nueva precariedad. Convence porque logra que lo misterioso o lo raro se introduzcan en una cotidianeidad que dista de ser plácida, aunque se empeña en aparentarlo.

En definitiva, que a pesar de algunos elementos trillados, como la música ominosa o los niños como transmisores de “mal”, el filme de Stewart consigue un todo coherente y una atención por parte del espectador a través de diálogos y  situaciones donde no faltan buenas dosis de humor negro, ironía y una incisiva mirada a la “típica familia estadounidense”.

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