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Viajar al óleo

Armando Cerra

Ayer y hoy, Bs. As.

A lo largo de este verano (allí, invierno) se ha exhibido en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires la muestra “Collivadino, Buenos Aires en construcción” con un conjunto de pinturas que plasman el crecimiento y desarrollo que protagonizó la capital argentina durante las primeras décadas del siglo XX.

Todo ello quedó reflejado en las obras de Pío Collivadino, un pintor nacido en 1869 en el barrio de Barracas, que como tantos otros era hijo de la inmigración italiana. Sin embargo, Collivadino también hizo el camino a la inversa y sin cumplir veinte años viajó hasta Italia y a varios países europeos para formarse como artista.

Cuando volvió a su ciudad natal en 1907 se dedicó a pintar sus calles y barrios, en ocasiones los grandes edificios que se estaban construyendo y las enormes avenidas que hacían crecer a la metrópoli. Pero sobre todo se dedicó a pintar al óleo los barrios más humildes, y uno de ellos era el de La Boca.

Así en obras como la que acompaña estas líneas, pintó la sencillez de esas gentes, sus calles de tierra y sus viviendas de chapa pintadas con la pintura sobrante de los barcos que atracaban en el puerto bonaerense. Lo hizo siempre con una exquisita técnica que combina un dibujo muy sólido con los colores tan pronto aplicados en delicadas pinceladas casi puntillistas como con gruesos empastes de color.

Y lo más destacado de su pintura son los encuadres que elige, siempre muy fotográficos casi propios del emergente arte del cine. De esta manera vemos las austeras casas, los empedrados, las ropas tendidas, los postes torcidos de las farolas o el anuncio de gaseosa, tan imprescindible hoy como antaño en la dieta porteña.


La Boca, de Mónica Grimal

Salvo en el célebre Caminito del barrio de La Boca, que el turismo ha convertido en reducto para artistas callejeros, bailadores de tango y buscavidas, el resto del barrio sigue en la actualidad con un aspecto muy semejante. Con casas repletas de gente pobre, con lo imprescindible para resistir el día a día,  trabajadores de cualquier cosa, sea legal o ilegal, de día o de noche, siempre trabajo duro, a veces sucio, otras denigrante y en alguna ocasión de guante blanco.

Así las obras de Collivadino son arte, pero también documentos gráficos de una crónica en la que se establecen paralelismos y distancias entre el pasado y la actualidad. Todo ello es lo que se ha reflejado en la exposición de este verano (allí, invierno) en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires, de la cual formaba parte esta obra titulada “Una esquina de La Boca” propiedad del Museo de Arte de Tigre.


"Una esquina de La Boca", de Pío Collivadino

Y hablando de museos, en Banfield, al sur de la zona Gran Buenos Aires, existe el museo Pío Collivadino dedicado a la vida y obra de este pintor, escenógrafo, grabador, docente y académico. No obstante, pese a que hasta su muerte en 1945 fue un personaje relevante en el desarrollo cultural y artístico argentino, ese museo permanece clausurado desde 2008. Desde que se cerró por el mal estado del inmueble, las autoridades prometen una y otra vez la inversión necesaria, pero ya sabemos todos como son las reformas y las promesas políticas.

Visita la web del autor:
http://www.maletadevuelta.blogspot.com/




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