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Maitines II

Jorge Dioni López

1.2 La mujer que fue lunes


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—Pero, Paloma, ¿qué dice el editorial de El Mundo sobre la marcha de Losada? Es lo que te estoy pidiendo desde hace rato.
 —Eso, eso, Federico, el editorial.

Mar Mendiburu, Presidenta de la Comunidad de Madrid, se levanta de la taza del váter después de terminar el pertinente aseo pero no quiere que el ruido de la cadena le impida escuchar el comentario del radiofonista al editorial del Mundo ni el inicio de la tertulia. Busca reconocer las voces para ver si, al final, ha ido Pedro Jota.

El editorial son unas buenas banderillas pero decirlo, concretarlo en ‘este tipo está acabado’ o ‘hay que dejar paso a las personas que tienen una idea clara del partido y de España’ es un rejón de muerte. Nada. Tertulia de perfil bajo. La prensa del partido se ha levantado dividida pero es comprensible que nadie quiera pasar de la guerra de trincheras en el kiosco a la guerrilla casa por casa de una tertulia.

La mujer apenas ha dormido dos horas. Llegó a casa a las dos y media y se acostó una hora más tarde después de decidir con su Jefe de Gabinete, el de Campaña y el de Comunicación la estrategia a seguir. Esperar, fue la consigna, un par de horas, al menos. A las seis menos cuarto, su Jefe de Relaciones con los Medios le despertó para comentarle los principales editoriales y la línea de las tertulias. El Mundo está bastante con nosotros; sacan en portada que Losada quiere dejarlo y, en el editorial, le piden que se vaya; ‘sin ganas de seguir’, van a decir. Federico quiere que Pedro vaya a la tertulia de hoy pero aún no le ha contestado. La Vanguardia, El País y ABC piden renovación dentro del partido pero sin dar nombres; es más una cuestión de que el partido acuerde la renovación del CGPJ o el TC y deje de decir que hay crisis porque la gente ha dejado de comprar. El único apuesta por Losada es La Razón pero hay que tener en cuenta que el nuevo director trabajó con él. En las radios, Blanco va a estar en la Ser y Onda Cero y, con Herrera, también Rosa Díez. Federico va a tener a alguien de segundo nivel del partido que haya tenido buenos resultados. ¿Castilla-La Mancha o Murcia?, preguntó Mendiburu. Más lo primero, respondió el jefe de medios.

A las siete, tras confirmar la estrategia de esperar, unas horas, al menos, con su Jefe de Gabinete, el de Campaña, el de Comunicación y el de Medios, Mar Mendiburu había iniciado intercambios de mensajes con dirigentes altos e intermedios de su partido, periodistas y empresarios hasta desembocar en el cuarto de baño hace apenas cinco minutos.

En la radio, Luis Herrero protesta un poco por la seguridad de El Mundo en la marcha de Losada pero, para Mendiburu, es más una queja lanzada al aire sobre los flujos de información dentro del partido. La mujer recuerda al Presidente de Colombia, desmedidamente atractivo, como sólo saben serlo los bajitos con gafitas, despidiéndose de ella llamándola presidenta una y otra vez. Ni siquiera oye a su marido entrar en el baño.

—Joder, Mar.

No reacciona.

—Mari Mar, hay que tirar la cadena.

El tren de aterrizaje del sueño es una severa mirada de desprecio.

—Vaya peste, cariño.
—Quería oír la radio.   
—Pero, ¿no te hacen resúmenes?
—Quería oír el tono, Alfredo, el tono, que hay que decírtelo todo.

El hombre se sitúa frente a un espejo diseñado por Ibarrola en el que hay que moverse arriba-abajo e izquierda-derecha para verse entero. Se examina la cara y calcula cuánta barba le puede salir durante el día y, después, cruza los brazos por delante y detrás de la cabeza, tal y como le indicó la profesora de Pilates. Cuando termina, se reparte una crema verde por la cara.

—El tono, mujer, el tono. Ya sé que lo importante es el tono. Ayer estaba muerto.
—¿Quién?
—Losada, chica. Lo has matado. No podía articular palabra. Joder, y Umbral decía que era el mejor orador de la democracia.
—Ya pero no basta; hay que enterrarlo.
—Lo peor que puedes hacer es pasarte. Te lo he dicho mil veces; finezza, finezza.
—Ya lo sé pero tampoco puedo eternizarme. Tengo 56 años; dentro de cuatro años, 60, y, dentro de ocho, 64. Y, con 64 años, ya no me votará nadie. Y, además, tendré que haber pasado por otras dos elecciones a la Comunidad.
—Pero sin ti; al menos, las segundas.
—Pero con mi sucesor y, si falla, me llevaré las hostias. Tienes que salir más, Alfredo. Lo que más le gusta a esta ciudad es subir a hombros a alguien para poder tirarlo al río desde más arriba.

El hombre gesticula para ver cómo se va repartiendo la crema verde por la cara. Mientras su mujer asistía a la celebración electoral, tuvo que quedarse en casa sin poder invitar a nadie para evitar rumores. Vio varios resúmenes del VI naciones, la peli de Bardem bajada de internet y, en un canal de la BBC, pilló un documental sobre la física cuántica donde explicaban que los átomos no tenían el aspecto de un sistema solar, sino más bien como la sal derramada en un mantel o la crema repartida en el cuerpo. Lavándose la cara, piensa que sería muy interesante trasladar la metáfora de la arena al partido de su mujer, donde ella siempre hace órbitas según las fidelidades, pero lo descarta después de secarse. Mar sigue pegada a la radio y aún no ha activado la cisterna. Tiene que hacerlo él.

—¿Por qué no dicen mi nombre?, ¿tienen miedo de mojarse? 
—Todo el mundo lo supone.
—Ya pero guardan demasiado la ropa.  El editorial de El Mundo podría nombrarme; en una terna, quizá.
—Te lo repito otra vez: finezza, finezza. ¿No has oído hablar de la sumisión contraria?

La mujer sonríe con unos labios tan finos que parecen copiados de los teleñecos.

—En los sistemas complejos, siempre se tiende al equilibrio. Si un polo adquiere demasiada fuerza, el resto del sistema se une para compensar, aunque no haya homogeneidad. En Valencia, dicen que hablan valenciano porque Catalunya siempre ha tenido mucha fuerza allí pero en Baleares no les importa decir que hablan catalán, ¿sabes por qué? Porque allí se llama mallorquín y al resto del archipiélago les preocupa más la fuerza de la isla más grande que la antigua metrópoli peninsular. Si vas muy deprisa, que ya has ido, puede provocar que se unan todos contra ti.
—A mí no me va a pasar lo de Bono.
—Claro, porque no llegaréis a un Congreso con cuatro candidaturas pero llevas cuatro años tejiendo las alianzas que hoy tienen que salir del armario. ¿Y si todo el mundo tiene miedo de ti?, ¿de que acumules mucho poder?
—Eso pasaba en los partidos comunistas.
—Y en el modelo que eligió Lenin, la Iglesia de Roma. De hecho, hoy no aceptaría invitaciones a comer; sólo precongelados. Sobre todo, de los asesores.
—No empieces, Alfredo.
—Lo más importante de un político es la intuición.
—Me ayudan más de lo que crees.
—Mira Hillary; demasiados asesores. A veces me recuerdas a una reina medieval rodeada de brujos y astrólogos. Hay que tener sólo uno y que sea conocido para poder echarle la culpa cuando algo salga mal.
—Si he llegado hasta aquí, también ha sido por ellos.
—Has llegado tú, Mar.

La mujer y el hombre se miran. Él tiene ganas de abrazarla y ella, de dejarse abrazar pero las señales horarias se interponen entre ellos.

—Anda, déjame que me tengo que duchar.
—Cualquier cosa, me llamas. Hoy iré al Círculo.

Alfredo Ignacio Sainz de Hinojosa besa en casi en la barbilla a María del Mar López-Mendiburu. 

Diez minutos después, duchada, peinada, vestida, desayunada y complementada con un collar étnico color mostaza como el que ayer llevaba Julia, la esposa de Losada, la Presidenta abre una puerta corrediza tras la que aparece una mesa rodeada de quince personas cuyos nombres importan bien poco. Están el Jefe de Gabinete, el de Campaña, el de Comunicación y el de Medios, que no paran de mirar papeles y recibir mensajes, y los directores de otras nueve áreas que no merecen ser detalladas ya que el grupo interviene colectivamente.

—Hoy tenemos la Junta de Organización, Dirección y Estrategia,
—La JODE.

Sólo se oye una risita pedorrera.

—Habrá lleno. 
—Salvo Losada.
—No, no irá –confirma la Presidenta.

El coro vuelve a tomar la palabra.

—La prensa apuesta por usted.
—La radio, también.
—En general, se da por hecho que asumirá el poder bien ahora, bien después de una pequeña transición pilotada por Losada.
—Hasta el Congreso.
—Tenemos un apoyo generalizado.
—Vamos a desglosar este concepto –matiza la Presidenta. 
—Contamos con Castilla-La Mancha.
—Y Catalunya y País Vasco. Ninguna de las dos direcciones pondría problemas a un relevo si la salida fuera digna.
—Y Canarias, Extremadura y Cantabria
—Y muchos cargos públicos han manifestado su apoyo.
—El resto, esperan.
—Andalucía y Galicia son los más remisos.
—Ya lo sabía —indica la presidenta—. Contaba con ello pero, si todo va bien, comeré con Mariño y Talavera.
—La clave es Valencia. 
—¿Ferrer? —tose la Presidenta—. Tenemos un acuerdo.
—Vicepresidencia y sucesión, una cuota de ministerios y extensión del control del partido a Catalunya y Baleares.
—Sí –confirma la Presidenta—. Seguro que se le pueden explicar los movimientos en Catalunya. Cuando venga a Madrid, todo le parecerá tan lejano y pequeño que no volverá a insistir. 
—Tenemos noticias de dudas en su equipo.
—¿Qué clase de dudas? —inquiere la Presidenta levantándose de la mesa.  
—Sabemos que alguien en su equipo conoce la posibilidad de Salvanella.
—Está al tanto de que hemos hablado con él.
—Y en su equipo se le quiere convencer de que apueste por Losada hasta el Congreso.
—Para hacernos daño.
—Quiere unir a toda la gente que tiene suspicacias sobre su llegada.
—Toda la gente que no tiene claro qué va a pasar.
—Hay rumores sobre el reparto de cargos que no nos convienen.
—Nadie quiere ser el alcalde.
—Hay un poco de miedo.
—¿Presidenta?

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