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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Nuevas maneras de matar a tu madre


En este excelente libro del gran escritor irlandés Colm Tóibín, Nuevas maneras de matar a la madre (Lumen) —que, adelanto, es una de las mejores mixturas de ficción y ensayo, de imaginación y realidad aparecidas en mucho tiempo—, el autor nos adentra en las selvas de las vidas personales de varios autores de culto para explicarnos hasta qué punto su entorno y sus relaciones personales con miembros de la familia fueron veneros de los que brotaron las aguas de su prosa, a veces claras, a veces envenenadas, dando origen a obras que están en la mente colectiva de los lectores.

Veinte autores pasan por su rebotica literaria, donde ha instalado un diván freudiano para reconstruir con gran clarividencia psicológica, humor, y unas gotitas de acritud, las historias en las que el sexo, los problemas sentimentales o económicos, los amores sin futuro, las rivalidades, la codicia y otras miserias de la vida humana nos son presentadas con una prosa desnuda y elegante, libre de florituras, que va directa al meollo de la cuestión para demostrarnos que “la imaginación es más grande que la familia y el mundo, porque los genios ven lo que los demás no vemos y sus obras , casi siempre, surgen de fuentes insólitas”.

La galería de retratos al ácido que nos presenta Tóibín, se abre con Henry James y Jane Austen, y es una reflexión de cómo la temática de las novelas del XIX ha basculado de escribir historias sobre protagonistas, masculinos o femeninos, que se esforzaban en enfrentarse al mundo para encontrar su lugar en él, a historias sobre la soledad del individuo y su búsqueda del yo interior.

Le siguen W. B. Yeats, Synge, Samuel Beckett, Brian Moore, Sebastián Barry: con ellos nos asomamos a sus vidas, al momento y lugar donde brotó la semilla de sus obras punteras. Hurga en sus pulsiones y nos muestra en la forma que esos hechos dieron lugar al universo de ficción particular de cada autor.

Madres dominadoras, como la de Borges, o simplemente enredadoras y muy conflictivas como las de Becket, o J. M. Synge, influyeron en la escritura de sus vástagos de una forma que Tóibín relata de una manera cercana e intimista para llegar a explicarnos el proceso creativo de las grandes obras literarias.

También hay padres conflictivos como los de Borges o Yeats, escritores a su vez, pero no tocados por el don de la excelencia literaria, y hasta familias como la de los James, Henry y Williams y, sobre todo, la del patriarca Thomas Mann y su talentosa y suicida prole. Tampoco se olvida Tóibín de John Cheever y Tennessee Williams. Con todos ellos, con las luces y sombras de sus relaciones familiares, con sus glorias y sus miserias teje y desteje este libro fascinante que no es otra cosa que una canto a la libertad creativa.




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