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Errata

Evaristo Aguirre

Libertad inalcanzada


Cuando sales de la vida del poeta Vladimir Maiakovski, tan bien contada por Juan Bonilla, tienes la sensación de que la libertad individual, íntima, es una quimera, pues ni siquiera un personaje tan excesivo, tan a contracorriente, tan transgresor e irreverente, tan aparentemente libre consigue alcanzar ese estado. Y lo buscó durante su vida, vaya si lo buscó. Los límites, los muros con los que se topa son de toda clase, desde las tendencias artísticas y quienes las sustentan, hasta el poder político, en este caso el revolucionario soviético, casi nada, pasando, ay, por el amor, aquí esa relación entre alternativa y dramáticamente convencional con Lily Brik.

En Prohibido entrar sin pantalones (Seix Barral), estupendo título que proviene del cartel de una cantina mexicana con el que se topó Maiakovski, Bonilla ha soltado y ordenado literariamente todo lo que sabe de este poeta, de su entorno, de su tiempo. Me vendría bien que alguien con conocimientos y con criterio me señalara dónde están y cuáles son las diferencias de esta novela con una biografía del personaje, porque esto es, sin ningún género de dudas, una novela, una gran novela.


Oigo al fondo una queja que dice que por aquí somos muy fans de Juan Bonilla como queriendo poner en cuestión la opinión sobre la novela. Pues sí, somos fans devotos pero, créanme, eso no le resta ni un ápice de verdad a la afirmación de que estamos ante una gran novela, incluso ante una de las mejores novelas de este escritor, por otra parte, maestro cuando de relatos se trata. Una novela cargada de vida, que late con una fuerza enorme; y cargada de literatura, donde el latido es si acaso mayor.

Si el poeta ruso no logró –o así lo he leído yo, al menos– dar con la libertad, el novelista jerezano –Bonilla, no se me despisten– sí parece haberse movido libremente por los hechos de la vida de aquel y los ha recreado con una soltura que se proyecta en la lectura, para escribir esta historia de una batalla por la supervivencia artística, de una guerra por la felicidad personal, de una guerrilla por un mundo diferente, o al menos nuevo.

Juan Bonilla nos ha acompañado mucho en estos diez años de textos aquí publicados –de ahí esas acusaciones de ser fans–, hablamos de él en los primeros días de Errata y más adelante a propósito de Zut, la revista que dirige y también cuando versionó el Je me souviens de Pérec y por supuesto a raíz de la aparición de la biografía de Terenci Moix que escribió.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




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