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Evaristo Aguirre

¡Más Nocilla!


Ya llegó Nocilla Experience (Alfaguara), la segunda entrega de la trilogía Proyecto Nocilla, de Agustín Fernández Mallo (La Coruña, 1967). Ya dimos cuenta aquí de la aparición de la primera de las novelas de este proyecto, Nocilla Dream (Candaya), y de los elogios que cosechó.

En poco más de un año, lo de la Nocilla se ha utilizado hasta la saciedad: se ha hablado de Generación Nocilla, para reunir a unos cuantos escritores que no tienen nada que ver entre ellos ni en actitud, ni en estilo, ni en edad, y a quienes no les hace mucha gracia –es lo habitual– semejante cartelito. Ante el revuelo y las ventas de la primera entrega –más de 10.000 ejemplares, lo que está muy bien para una editorial pequeña como Candaya–, a Agustín Fernández Mallo –AFM– lo han fichado en uno de los sellos de un grupo editorial grande, en Alfaguara, que ha publicado esta segunda y hará lo propio con la tercera. Si han estado atentos a la prensa de estos últimos días, habrán visto a AFM por todas partes, en demasiadas si pensamos que su literatura no es de la de consumo general.

Nocilla Experience se parece mucho a Nocilla Dream, en la forma –textos cortos, yuxtapuestos sin un orden evidente; citas de otros libros, de entrevistas–, en la estética –que es la de la cultura popular–, pero no son idénticas. Aquí, las tres o cuatro historias que, más o menos, se continúan a lo largo de las páginas tienen más peso, son más narrativas que en la primera novela.

De la misma manera que el autor propone/intenta una forma de escribir distinta a la convencional, nosotros, lectores, tenemos que proponernos/intentar otra forma de leer, sin buscar una historia, un hilo narrativo, sin querer entenderlo todo… como quien escucha un disco de una música compleja a la que no está muy acostumbrado –jazz, flamenco, barroco…–, pero que se deja llevar.

Esta novela, a ver si sé explicarme, es algo así como una visión del mundo desde arriba, o desde quién sabe dónde, y el autor toma cosas, personas, frases, experiencias, hechos que, por la razón que sea, le interesan y los va colocando, uno tras otro, en las páginas de su libro. Al final, es como si hubiéramos dado un paseo, metiendo la nariz en sitios de lo más diverso, y visto y oído mucho.

AFM es físico y trabaja en algo científico. Y se nota. A AFM le interesa la música pop, el cine, cosas extrañas como el parchís, la arquitectura y también la ciencia. Hay referencias, párrafos de carácter científico, porque la ciencia, una ciencia inabarcable para la mayoría en la actualidad, es un parte fundamental de la vida y por ello de la cultura: ya no es culto quien solo sabe de literatura, de pintura o de filosofía, no, quien no sienta al menos interés por la ciencia no puede ir por la vida de persona cultivada.





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