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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

La suma de las partes


Mi gran sorpresa literaria del verano ha sido una novela original de Alfredo de Andrés Ramos titulada La suma de las partes (Gens). Una novela inatendida que demuestra un potencial creativo de primer orden aliado a un poderoso aliento narrativo que no esperaba encontrar en una primera novela.

La madurez y hermosura de su prosa te engancha desde las primeras líneas, y los conocimientos de arquitectura literaria que exhibe su autor le permiten elegir las distintas voces narrativas (primera y tercera) que van a servirle para relatar las partes de ese gran todo que termina siendo su novela.

Hay ambición en la propuesta y un riesgo enorme que De Andrés Ramos sortea con manos de orfebre cualificado. Una historia que comienza en la Viena deprimida de 1924 donde las sombras del vencido imperio Austro-Húngaro aún se pasean por su calles después de la derrota sufrida tras la primera guerra mundial, y donde el malestar de la población ante la deteriorada situación económica y social va a ser el caldo de cultivo donde el nacionalsocialismo encontrará su razón de ser. Junto a la ciudad de Viena, que tiene voz propia, y es tratada como un personaje más, nos van siendo presentados los personajes “históricos” de la novela: un Kafka moribundo de tuberculosis en un sanatorio, un Freud que lucha contra un cáncer de mandíbula, un joven Hitler.

En este escenario tan “real” entra de improviso la ficción. Se comete un asesinato: una doctora psiquiatra, Helga Martiner, es eventrada en su domicilio y la policía inicia su investigación. Un viejo inspector resabiado, de nombre Spear y su joven compañero Kopneck se encargan de las primeras pesquisas. Lo fácil y predecible en un autor novel hubiera sido seguir las pautas  de la novela negra con fondo histórico y llevarnos de la mano a través de la intriga hasta conseguir descubrir al asesino. Y en realidad es lo que De Andrés Ramos hace, pero no a través de los caminos trillados a los que podemos estar acostumbrados como lectores de género. No, en absoluto, el autor no nos lo pone tan fácil, ni mucho menos. Empieza a exigir nuestra colaboración para adentrarnos en esos terrenos resbaladizos y malolientes de una sociedad en descomposición y donde las partes a las que se refiere el título, juntas o, por separado, nos dan una visión total de un mundo, ya en vías de desaparición, que exhibe impúdicamente sus cloacas más fétidas y los comportamientos más repugnantes del llamado género humano.

La habilidad literaria del autor es de tal envergadura que, buscado o no por el autor, yo he encontrado como lector varias novelas dentro de la novela y, después de terminarla, he recomenzado su lectura leyendo uno tras otro los capítulos dedicados a cada personaje. La sorpresa es que cada parte funciona perfectamente sin las otras. Puede que esta forma de leerla resulte un tanto confusa e incluso impropia para un lector no avezado, pero si el lector es lo suficientemente arriesgado para implicarse en el universo onírico del subconsciente de cada personaje, le aseguro que su relectura abrirá nuevos cauces de comprensión al material que el autor propone. Y esto es así porque ha sabido dotar a cada personaje de una cualidad, un acento, una voz propia y reconocible que el lector reconoce inmediatamente.

Espero con auténtico interés la próxima novela de Alfredo de Andrés Ramos al que, desde aquí, quiero felicitar por tan espléndido debut.




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