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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

¡Que vienen los Japos!


Tras el ataque por sorpresa de la flota imperial japonesa a la base norteamericana de Pearl Harbour  en Hawai la mañana del 7 de diciembre de 1941, día que el entonces Presidente de los Estados Unidos calificó como “una fecha que vivirá en la infamia”, todos los japoneses, nacionalizados o no americanos, que residían en los estados de la Unión se convirtieron de la mañana a la noche en potenciales enemigos de América; en odiados “Japos “ que necesitaban ser separados y controlados para preservar la seguridad de la nación. Otra gran infamia empezaba a gestarse, y se prolongó hasta el final de la contienda y más allá.

La historia de estas familias, integrada por norteamericanos ejemplares hasta entonces, que fueron sacadas a empujones de sus casas, metidas en trenes militares a culatazos y enviadas a un campo de concentración situado en un remoto lugar de Utah, rodeadas de una alambrera de espino donde pasaron más de tres años intentando entender las razones por las que eran tratadas de ese modo, es el material sobre el que se organiza la nueva novela de la talentosa Julie Otsuka, memoria viva de su propia familia y de otras muchas que sufrieron los efectos colaterales de una guerra que se llevó la inocencia de América. Cuando el emperador era Dios (Duomo) se convierte así en una crónica vigorosa en la que las víctimas tienen voz propia, y a lo largo de cinco capítulos, protagonizados por diferentes personajes, van pasando ante nuestros ojos sus diferentes sentimientos ante un encierro incomprensible y que van de la impotencia a la rabia buscando una justificación interior que les permita sobrellevar su tragedia.


No hay afán de revancha en la voz de Otsuka, que es temperada  e intenta únicamente destacar los hechos que llevaron a esta enorme e insolidaria injusticia, a ese miedo a lo desconocido ampliado por los ecos oficialistas y que terminó convirtiendo a muchos estadounidenses de origen japonés o alemán en prisioneros de sí mismos.

En la novela hay sufrimiento, infortunio, inquietud, destierro pero también todos sus antónimos. Como ya sucedía en su anterior novela  Buda en el ático (Duomo, 2012), la prosa de Otsuka es hipnótica en su sencillez y su ritmo (la quintaesencia del minimalismo visto de desde un lado sensitivo y preciosista) y te atrapa en la parquedad de sus diálogos. Es reflexiva e intimista, y se convierte en el homenaje más certero y delicado escrito a la memoria de aquellos que sufrieron una injusticia irreparable en nombre de la Libertad y la Seguridad del resto de sus compatriotas.




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