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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Laurence Anyways


El último filme del realizador Xavier Dolan, autor de la polémica e histriónica J’ai tué ma mère” y la hermosa La belle persone, es una valiente visión de la difícil odisea y la transformación de Laurence (Melville Poupad), un joven profesor de literatura francesa que siempre se ha sentido mujer.

Ganadora del último festival de Cine Gay y Lésbico de Bilbao (Zinegoak), se nos presenta como un interesante y formalmente atrevido filme sobre la transexualidad, aunque en realidad aborde la cuestión del transgenerismo y el travestismo.

Dolan se suma a los numerosos directores francófonos que —como en su día Ozon, Claire Dennis (Beau Travail), el polémico Christopher Honoré o Lionel Baier— se han atrevido a romper tabués huyendo de lo “políticamente correcto” en sus temáticas y maneras de contar. No obstante, y a pesar de las magnificas interpretaciones del romheriano Poupad (Cuento de verano, El tiempo que queda) y de las actrices que lo acompañan (Suzanne Clement y Nathalie Baye) , el filme peca de cierta estridencia en sus formas narrativas lo que, por momentos, lo acerca al tremendismo y a la estética de video-clip, un exceso que logran salvar el guión y los diálogos mordaces e inteligentes así como una audacia y falta de complejos más que notable en la composición visual de los momentos decisivos de la trama. Particularmente interesante es la relación del personaje principal con el espacio público y privado, su forma de atravesar el espacio urbano o de resituarse en una cotidianeidad algo crispada por sus decisiones.

Pese a su entorno realista, Laurence Anyways está más cerca del onirismo de Desayuno en Plutón de Neil Jordan que de la modestia, delicadeza y sencillez de Tomboy, de la realizadora francesa Céline Sciamma, que aborda con mayor naturalidad cómo las personas que no se adecuan al género asignado oficialmente todavía viven situaciones de confusión y discriminación, incluso en las sociedades o entornos aparentemente más avanzados.

Las grandes innovaciones del filme de Dolan no están tanto en su barroca y colorista puesta en escena con una ampulosa banda sonora, que por momentos resulta algo molesta o discordante , ni siquiera en el tour de force interpretativo de su protagonista “masculino”, sino en la manera mordaz de mostrar al espectador que el mundo en el que vive el/la protagonista reacciona de forma contradictoria e inesperada ante la decisión de Laurence de cambiar de aspecto y convertirse en una mujer sin dejar de amar a su novia (un espléndido trabajo de Suzanne Clement, premiada en el último festival de Cannes).

Quizá se deje ver aún en el filme de Dolan cierto sensacionalismo al abordar el tema del transgenerismo y cierta mirada paternalista sobre sus criaturas, sus dudas y sus contradicciones, pero la falta de prejuicios a la hora de unir situaciones trágicas, mágicas y cómicas, la ironía que desprende y la acertada mezcla de drama, comedia y poesía, huyendo del victimismo, hacen de él un trabajo más que atractivo. Y puede ser que tampoco nos guste demasiado el punto de vista de Dolan o que algunas situaciones se nos antojen más bien forzadas y atrayentes composiciones estéticas que verdades cinematográficas, pero, en cualquier caso, estamos ante una película que aborda de una forma personalísima y original la eterna cuestión del choque entre la individualidad y el entorno, el derecho a la propia identidad y autorrealización frente a las cortapisas sociales.




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