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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Regalar un don

¿Dar algo, a alguien, sin esperar nada a cambio? ¿Somos capaces de entregar siquiera eso que nos sobra? ¿Atemorizados, acaso, por la propia sensación de carencia?


Regalar un don. Eso sería lo justo. Sería maravilloso. Poder regalar siempre y a todos un don. Un don único para cada uno.

Un don específico y a la vez siempre nuevo. Siempre abundante, enriquecedor, satisfactorio y fascinante. Un don que haga cambiar a quién lo posee y a quienes estén cerca. Un don transformador, poderoso, sustancial. 

El don que nos hiciera más valientes, más enteros, más presentes. Que nos diera la capacidad de despertar a tiempo ante el hecho de que estamos vivos ahora y no luego. El don que pudiese elevarnos por encima de determinadas circunstancias y llenarnos de fuerza y visión con perspectiva. El don del amor, de la amistad, de la ternura, de la empatía, de la capacidad de ver, oír, tocar con un sentido de la realidad inalterable y nítido. El don de compartir lo más pequeño y lo más grande, lo que alivia, lo que aligera el alma, lo que engrandece el espíritu.

Regalar un don. Entregar un don... Recibir un don.

A veces parece que nos hemos vuelto pequeños, diminutos de tamaño... arrinconados y encogidos rígidamente. Apretando las manos contra los muslos en puños cerrados. Temblando de miedo, pavor, ansiedad.

Casi nos han convencido que la carencia es nuestro estado natural del ser. Casi. Todavía hay un poco de espacio para vislumbrar a lo lejos, realmente lejos; la luz, la posibilidad de que no sea del todo así. Pero temblamos y no entedemos qué sentido tiene estar aquí, estar vivos, seguir un día tras otro desde el punto de vista tan limitante de un sistema que nos han impuesto y del cual casi nadie se atreve a salir tranquilamente. Nos dicen lo que no hemos de hacer y lo que sí para ser de un modo o de otro, para ser no del todo malos y no del todo particulares. Sin darnos cuenta el fallo de ese sistema económico y político casi ha creado una horda de ciudadanos asombrosamente obedientes, iguales, sin demasiado ruido, nada estridentes, compañeros de unas mismas costumbres y que hemos/han aprendido y así lo sienten con todo su ser, que esas costumbres son las buenas y son para los buenos.

Buenos y malos. ¿Malos y buenos?

Mientras tanto, los malos, creen también firmemente que son casi buenos y que son los listos, los espabilados, los aventajados. 

Lo justo sería que no hubiese malos y buenos y que todos recibiéramos un don. El don de ser libres. De sentir libremente para saber lo que queremos libremente. De pensar libremente para tomar las decisiones libres sobre el hoy y el mañana. Para obrar y actuar libremente y así poder, aunque no tengamos nada, nada más que ese pequeño don... regalarlo, entregarlo a alguien que lo necesite más aún... sin esperar nada a cambio. Regalar un don. Regalar el don.

 

Pequeños Deberes- ¿Cuál sería el don que te gustaría recibir ahora mismo, en este preciso instante?

A.AliciaNlaRealidad@gmail.com

 

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Fotos- Liberto Rabal/Adriana Davidova




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