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Viajar al óleo

Armando Cerra

Vista de Palma

Ya está aquí. Ya ha llegado el verano, su calor, las bermudas y las sandalias (a veces, hasta con calcetines). Los lugares con playa van a perder la tranquilidad de los meses anteriores y se van a llenar de veraneantes. Tal y como está la cosa, en el caso de España, los lugares que más aumentarán su población y el bullicio serán aquellos enclaves que embrujan año tras año a los turistas extranjeros. Y si aquí existe un lugar venerado por gentes llegadas del norte de Europa, ése es sin duda la isla de Mallorca.

El aeropuerto mallorquín alcanza en los meses estivales una intensa densidad de tráfico y su puerto es el amarre para muchísimos yates y veleros de metros y más metros de eslora. Quiénes no disponemos de posibles para bogar por el Mediterráneo sobre nuestro propio barco, siempre podemos embarcar en alguno de los ferrys que llegan desde la península. La aproximación hasta la isla en este tipo de transporte es una forma ideal de contemplar la primera panorámica de la ciudad de Palma de Mallorca.


Vista de Palma de Mallorca, de Mónica Grimal

Desde uno de esos ferris está tomada la fotografía que acompaña estas líneas. Y tal vez desde un lugar similar pintó en 1849 Joan Mestre i Bosch el cuadro protagonista de este texto. Más de siglo y medio separan ambas imágenes, y por lo tanto es fácil distraerse con ellas al juego de las mil diferencias.


Vista del Port de Mallorca, de Joan Mestre i Bosch

Aunque también podemos hallar similitudes. Ambas vistas dejan ver las torres de iglesias como Santa Eulalia, Santa Creu o Santa Clara.  Y por supuesto, el paisaje urbano queda dominado por el gótico imponente de la Catedral, un templo único, capaz de mirar al mismo tiempo a la tierra, al mar y elevarse hacia el cielo. En definitiva, estos monumentos ayer y hoy siguen siendo los puntos de referencia para la ciudad, su ancla histórica.

Pero aquí acaban los parecidos. En la obra de Mestre todavía se ve la muralla que defendió la urbe de conquistas y corsarios. Y también se distinguen campos de labranza y huertos en las proximidades del núcleo. Mientras que en la vista actual, la muralla ya cayó y los cultivos llegan por vía marítima.

Eso en cuanto a la tierra, pero el mar también es diferente. El cuadro de mediados del siglo XIX nos muestra un velero y un pequeño barco a vapor, un transporte antiguo y otro innovador en la época. Ambas embarcaciones podrán llegar hasta el puerto y atracar sin excesivos problemas de espacio. Ahora es mucho más complicado, para empezar por la gran cantidad de barcos que quieren disfrutar de este puerto, y para continuar con todo mucho más regulado y sobre todo más caro, porque esa enorme demanda provoca el encarecimiento.

Y esa es la gran diferencia entre ambas imágenes, el mensaje que transmiten. El cuadro antiguo nos traslada a un lugar más plácido y relajado, mientras que la foto nos habla de un lugar más estresado, donde cualquier espacio de la ciudad tiene que estar ocupado y explotado para recibir al foráneo y provocar que gaste y vuelva.

En fin, así son los tiempos actuales. No obstante, como ya todos estamos acostumbrados a nuestro ritmo de vida, siempre es maravilloso viajar hasta Mallorca, ya lo dice la canción.

Visita la web del autor:
http://www.maletadevuelta.blogspot.com/




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