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Ramón Acín

En el corazón cotidiano de El Cairo


Los ojos del escritor (y del lector) como una cámara que filma todo cuanto queda en el foco (hasta el más mínimo detalle) podría servir para definir el esquema que levanta el edificio narrativo de A escondidas, la novela del egipcio Sonallah Ibrahim (El Cairo, 1938) recientemente publicada en España por una atenta Ediciones del oriente y del mediterráneo. Se trata de un esquema que, además, es muy acorde a lo que, en principio, parece predicarse con el título de la obra en castellano, pues el narrador que, a su vez, es protagonista, detalla con parsimoniosa morosidad todo cuanto acaece en su entorno. Una lentitud que ayuda  mucho a la filmación perseguida con la que se prende dar noticia por extenso a partir del detalle, porque va más allá de lo objetivamente filmado gracias al levitar de una especia de insinuación permanente. Ayuda a ello, la frase corta e incisiva que, aunque machacona con los detalles, siempre va en busca de la totalidad.

La resultante es un puntillismo fotográfico sobre una no muy lejana ciudad de El Cairo en su más pura cotidianidad. La cotidianidad que sale al encuentro de un niño que descubre la vida y los entramados sobre los que ésta se desarrolla. Objetos, calles, edificios, personas… llegaran hasta el lector a través de los sentidos (vista, oído y olfato, de manera especial) con precisión objetiva a la vez que inocente, pues, no hay que olvidar que quien narra, con sus diez años, apenas está despertando a la vida. Un despertar que, lógicamente, va a caballo de la sorpresa, del descubrimiento y de la necesaria comprensión posterior y que, además, al estar asentado en un plural conjunto de miradas contiene, en definitiva, la capacidad de aunar lo objetivo y lo subjetivo.

La retícula de la ciudad y su estructura humana, en su múltiple diversidad, quedará grabada en la mirada de quienes se acerquen a las páginas de A escondidas, gracias a la acumulación de cuadros simultáneos y en movimiento, que tan pronto se deslizan por el interior de los edificios y de quienes los habitan con el sigiloso encantamiento propio de una serpiente, como se disparan libres por panorámicas de calles, avenidas, plazas o callejas mostrando el latido de la vida con su estratificación humana y social. Todo acaba captado, fotografiado, fijado definitivamente. Desde el paisaje al paisanaje (con sus vestidos, alimentos, utensilios, medicamentos, costumbres, tradiciones e, incluso, creencias), desde lo objetivo a lo verosímil, desde lo visible a la insinuación de lo invisible. A escondidas es como mirar a través del ojo de la cerradura, espiando sin malicia, viendo y comprendiendo, tal como hace el innominado niño que va contado los pormenores de su cotidiana existencia al lado de un padre viejo y con la siempre presente ausencia de la madre.

A escondidas puede ser una buena ocasión para adentrarse y conocer el mundo de Sonallah Ibrahim del que en España apenas existen obras publicadas (salvo El comité en Libertarias Prodhufi, creo). Un autor con amplia trayectoria vital, rica en acontecimientos que van desde su militancia comunista en los años cincuenta del pasado siglo hasta la activa participación en la primavera egipcia que acabó con el régimen de Mubarak. Y, así mismo, un autor de jugosa trayectoria literaria con obras que ayudan a comprender la vida de la nación egipcia (y, por extensión, otros países árabes de similar trayectoria), pues, Sonallah Ibrahim siempre ha manifestado que “la literatura da expresión a la vida de los pueblos y a las aspiraciones naturales de sus individuos”. De momento, como aperitivo, puede servir este viaje vital al corazón mismo de la ciudad de El Cairo a mediados del siglo XX.

 

A escondidas. Sonallah Ibrahim. Madrid. Ediciones del oriente y del mediterráneo, 2013. 233 pp. Traducción: M. Luz Comendador.




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