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Los viajes

de Sara Gutiérrez

10 años de Divertinajes

 OTROS DESTINOS

Cuando hace una década pusimos en marcha DIVERTINAJES, mi punto de partida para esta sección cuyo aniversario también celebramos, LOS VIAJES, estaba claro, no podía ser otro que mi primer y más recurrente destino: OVIEDO.

Por el camino, he tratado de contar cómo habíamos llegado y cómo nos había ido en los más variados puntos de la geografía. Algunos viajes nos han ocupado semanas y otros aún no han llegado al teclado. La intención no era otra que compartir la curiosidad por este mundo que, como solía repetirme mi abuela, «se hizo para andarlo».

No sé si estos relatos habrán sido de utilidad para quienes los han leído, para nosotras configuran un diario impagable cuando la memoria flojea.

El silencio de los último meses no significa que no nos hayamos movido (Florencia y Oporto son de esos destinos que, incorporados en 2013, esperan pacientes en la cola para asomarse a Divertinajes), significa que me he ido dejando atrapar por lo urgente y dispersar por el ambiente. Pero he vuelto y, como lo he hecho justo a tiempo para soplar las velas, aportaré algo: las fresas para el pastel.


Acabo de cortarlas de las plantas que adornan la barandilla de mi terraza cuya ascendencia es, hasta donde yo sé, londinense (me traje a su abuela de un vivero-restaurante de Richmond).

Acabo de cortarlas de las plantas que adornan la barandilla de mi terraza cuya ascendencia es, hasta donde yo sé, londinense (me traje a su abuela de un vivero-restaurante de Richmond).

Ocurrió hace ahora un par de años. Habíamos viajado a Londres para cubrir un Congreso Internacional de Hematología. Nuestra misión consistía en asistir a una serie de ponencias para después, de vuelta en casa, redactarlas en castellano, de manera que aquellos contenidos pudieran ser accesibles a los hematólogos españoles que no habían podido asistir al Congreso. Un trabajo similar a los que, amén de España, ya habíamos hecho en Viena, Milán

Como de costumbre, hasta que no tuvimos todo el material necesario para el trabajo, apenas nos alejamos del palacio de congresos y del hotel. Pero una vez resuelta la tarea… nos lanzamos a la calle.

Londres no es para nosotras un destino tan recurrente como Oviedo, ya quisiéramos, pero tampoco nos es ajeno: buenos amigos llevan allí años y años instalados, y los visitamos con cierta frecuencia (menos de la deseada y deseable, desde luego). Así que, terminado el trabajo, nos trasladamos del frío hotel al cálio hogar de nuestros colegas. Y de ellos fue la idea de ir a pasear por Richmond.

Resultó una agradable sorpresa.

Aquella soleada mañana de domingo se habían congregado a orillas del río decenas de personas dispuestas, como nosotras, a disfrutar distendidamente del día libre.

B nos habló de un lugar peculiar: un vivero cuyo café había logrado una estrella Michelin.

Nos acercamos con la intención de tomar algo, pero no llegamos a tomar asiento. Las plantas nos envolvieron. Y salimos de allí con dos pequeños plantones de fresas: una Cambridge Favourite y otra cuyo nombre no recuerdo.

Las metimos en la mochila y continuamos nuestra particular exploración de la ribera hasta sentarnos rendidas en Tides Tables Cafe.

Me temía algún problema en el aeropuerto, pero no lo hubo.


Aquel primer verano, la planta cuyo nombre no recuerdo dio tres fresas dulcísimas y la Cambridge sólo una, también sabrosa. A la Cambridge rápidamente le salieron estolones que se anclaron en la misma jardinera convirtiéndose en nuevas plantas. Al año siguiente, la cosecha rondó, entre unas y otras, las dos docenas de fresas. Y este año son incontables las que ya hemos comido y comeremos de las dieciocho Cambridge que siguen creciendo. La otra no dio ni un solo estolón y las tres o cuatro fresas que le crecieron resultaron tan insulsas que nos hicieron pensar que había llegado su final. Plantones de la Cambridge ya han salido de ésta a otras casas, y seguirán expandiéndose.




Para  quien tenga curiosidad por los detalles del crecimiento y multiplicación de las  plantas de fresas: si consigo estirar un poco el tiempo, la próxima temporada es  posible que abra una sección dedicada al huerto urbano (fresas, pero también  tomates, calabacín, pimientos, zanahorias, berenjenas, manzanas, naranjas…).

La  caminata de estos años se me ha hecho corta, posiblemente porque casi siempre  he tenido que ir con el paso acelerado, a contrarreloj. Deseo de cumpleaños:  disponer de tiempo y tranquilidad para escribir con la calma y la profundidad que  los destinos, los lectores y yo misma necesitamos para disfrutar el texto.

Fotos propias. 

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