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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Osama bin Laden: Vigilante


Los que siguen esta sección saben de mi amor casi patológico por la obra de Philip K. Dick, así que cuando en una novela encuentro ecos tan claros y potentes de su rastro literario, y además mejorando el original, pues entenderéis mi contento.

Lavie Tidhar, escritor israelí con vocación errante, es, desde ya, un nombre a tener en cuenta entre las nuevas generaciones de escritores especulativos que han desarrollado hasta sus últimas consecuencias el espíritu combativo de la New Thing, aquel movimiento que pretendió dinamitar en las décadas de los sesenta y setenta el concepto clásico que se tenía de la fanta ciencia; que cambió el universo exterior por el de la visiones interiores; y, que , en algunas novelas memorables, logró sacar a la ciencia-ficción del gueto del subgénero literario.

Osama (RBA) presenta un mundo (una especie de Tierra alternativa donde el terrorismo global no existe) que de puro incomprensible y misterioso es nítidamente real. En él se mueve Joe, un detective privado con reglas de conducta propias, que debe encontrar a Mike Longshott, autor de novelas populares que protagoniza un personaje de ficción llamado Osama bin Laden. Nuestro protagonista habrá de rastrearlo a través del primer mundo y por las zonas más oscuras del segundo e incluso del tercero, pero cuanto más descubre de este personaje menos sabe de él. Su investigación se va haciendo progresivamente más peligrosa cuanto más profundiza en la realidad alterada de la vida y la obra de su objetivo. Perseguido por unos acosadores misteriosos, Joe, se ve inmerso en un caleidoscopio de peligros que le obligan a fragmentarse para lograr sus fines y descubrir otra realidad intuida…

Tidhar se sirve de los mejores resortes que le ofrece la ficción especulativa para abordar una cuestión tan espinosa como el terrorismo internacional y lo hace con unos toques de novela pulp que contrasta con el tono distante y periodístico de los fragmentos de las novelas de la saga de Osama bin Laden: Vigilante que se ofrecen al lector. Cuanto más se adentra en la investigación esta diferencia en el tono se va diluyendo y Joe se va acercando cada vez más a la experiencia real que el lector actual tiene sobre el terrorismo.

Osama está escrita con una prosa muy cuidada que estalla a veces metáforas sutiles y deslumbrantes que sirven para trazar un afilado e inquietante retrato de nuestra sociedad sirviéndose de la fantasía. Esta utilización de recursos y temas literarios y metaliterarios, con la participación demiúrgica del autor en el desarrollo argumental, es la parte que remite directamente a Philip K. Dick, pero el estilo de este alumno aventajado es mucho más cuidado y brillante que el del maestro (que trabajaba “a destajo”), logrando de esta forma reforzar su potente imaginería con un discurso sin fisuras. Tidhar, sin embargo, aunque admite la tutoría de Dick en su obra, también muestra su admiración por la de Vázquez Montalbán, Javier Reverte, Paul Auster o Peter Hoeg. No son referente desdeñables, y eso se nota en el resultado final de una novela desetiquetada que lo mismo puede pertenecer al género negro que al fantástico pero que sobre todo es una “gran” novela.

Osama ha recibido el World Fantasy Award y el BSF Association Award del año 2012, premios, ambos, absolutamente merecidos.




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