Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Errata

Evaristo Aguirre

Memoria de verano

Una obviedad: los veranos de la infancia eran más largos (y no solo porque tuviéramos más tiempo de vacaciones) y durante aquellos días pasaban más cosas. Haciendo un pequeño esfuerzo, puedes recordar detalles de cada uno de los veranos de entre, más o menos, los siete y los quince años. Luego, todo se empieza a mezclar y los hechos se confunden.

Me acuerdo perfectamente de la primera vez que subí a una barca de pescador, de madera, y me enseñaron a remar, avanzando hacia atrás, impulsando los dos remos a la vez, girando la cabeza cada poco para ver en qué dirección iba y para no chocar con otras barcas amarradas. Y del día que pesqué con caña, con una caña de color naranja que me habían regalado, y de que no pesqué nada; y nunca pesqué nada… Me acuerdo de los atardeceres muy largos en unas playas concretas. Y de una fiesta en la que me puse ciego de sardinas asadas. Y de una chica rubia muy guapa que tenía una hermana morena que siempre se ponían cerca de nosotros en la piscina, un año detrás de otro, y con la que ni siquiera crucé una mirada, aunque me habría encantado, creo. Y de mi padre calculando el movimiento de la sombra de los árboles para aparcar el coche de manera que le diera esa sombra sobre todo en el rato final. Y de un señor que nos enseñó a mi hermano, a mis primos y a mí a beber en botijo (aquel agua tenía un poco de anís). Y así podría seguir.


De recuerdos como estos, de la memoria de los veranos de la infancia, va Solsticio, el más reciente libro del escritor mallorquín José Carlos Llop (RBA), un habitual en esta Errata. Un habitual porque escribe muy bien, porque me gusta mucho cuando se pone con los relatos y con las novelas y mucho más cuando se trata de sus diarios (hace demasiado que no se publica ninguna entrega, por si alguien responsable leyera esto…), y mucho cuando juega con la memoria y, como es este caso, con la nostalgia.

El padre de Llop era militar y la familia solía pasar el mes de agosto en una zona que pertenecía al ejército en la bahía de Alcudia. Sol, excursiones, baños, siestas; la madre, el padre, los hermanos y algunos amigos; el coche: en Solsticio todo es más o menos reconocible para quienes hemos veraneado en España durante los años sesenta o setenta. Pero todo está contando con el estilo sutil, limpio y nada artificioso que es el sello de la Factoría Llop, que es el sello que, ya lo he dicho, tanto me gusta.

Si quieren y pueden, déjenselo para leerlo durante una larga tarde de estas vacaciones. Es recomendable que haga calor.

eaguirre@divertinajes.com

@EvaristoAguirre




Archivo histórico