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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

El hipnotista


El sueco Lasse Hallström, director de buenas y regulares películas como Las normas de la casa de la sidra o Atando cabos, vuelve a su país natal para mostrar su cara menos amable con un alambicado thriller psicológico que, sin quererlo, se acerca a la moda del cine negro nórdico, sórdido, ambientado en interiores oscuros y exteriores gélidos y donde los personajes casi siempre tienen doble cara.

Ante todo Hallström, apoyado en una espléndida fotografía de Mattias Montero, logra crear una atmosfera inquietante y compacta que acerca su filme a películas como La sombra de los otros o Las marismas.

Estamos ante la historia de varios brutales asesinatos, un chico en shock, una familia dividida, un investigador y un hipnotista. El problema del thriller de Hallström es que su sólida puesta en escena está al servicio de un guión obtuso, sin personajes a los que agarrarse y poco claro en sus giros argumentales, llegando a un punto en que el espectador se deja llevar por los escenarios, el montaje, la composición, algunos diálogos pero se desentiende de su morboso y gratuito argumento.

Una obra menor, pero también una apreciable rareza en la carrera de un director caracterizado por el melodrama humanista o la comedia sentimental que muestra aquí su lado más oscuro desvelándonos esa sociedad corrupta en la que perviven los fantasmas de la violencia y la doble moral como hace en la célebre saga de Stieg Larson Los hombres que no amaban a las mujeres. Hallström, no obstante, vuelve a demostrar que se desenvuelve mejor en las secuencias intimistas como en aquellas en que el hipnotizador dialoga con otros personajes o se enfrenta a un chico herido que dice y calla.

No obstante, y a pesar de su innegable calidad fílmica, nos queda la impresión de que el director e incluso los actores y actrices (entre los que destacan Tobias Zilliacus y Lena Olin) no están demasiado cómodos en una historia laberíntica y de misterios que misteriosamente no acaba de enganchar al espectador.

Míreme fijamente a los ojos




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