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Viajar al óleo

Armando Cerra

Cassis, lo provenzal y lo mediterráneo

Llega el verano y aquí va una recomendación para quiénes no sepan donde viajar y sus carteras les permitan un destino glamuroso: la Costa Azul. O más concretamente, el pueblo de Cassis.


"El puerto de Cassis", de Mónica Grimal

Lo cierto es que los meses del estío son la peor época del año para descubrir este encantador lugar. Pero los calendarios laborales mandan y Cassis es de esos sitios que merece la pena conocer y disfrutar. De eso están convencidos los numerosos veraneantes que llegan ahí para atestar sus playas, bañarse al sol de la Provenza y refrescarse en el Mediterráneo. Y todos ellos, cuando sentados en su hamaca o a la fresca y acompañados de un cerveza fresca miran esas aguas es cuando consiguen comprender el porqué de la Costa Azul.

Hoy surcada por yates de lujo y embarcaciones de recreo, pero antaño navegadas por humildes barcas de pesca, que en esta zona de espectacular costa agreste encontraban un plácido refugio en Cassis. Así nació la población, como un lugar pesquero, y eso pintó Louis-Mathieu Verdilhan durante los primeros años del siglo XX.


"El puerto de Cassis", de L. M. Verdilhan

Pese a que este pintor tuerto alcanzó cierto éxito en su momento, llegando a exponer en Nueva York y pasando alguna que otra temporada en París, Verdilhan residió gran parte de su vida en su Provenza natal, primero en Saint Gilles de Gard donde nació en 1875 y después en Marsella donde acabaría falleciendo en 1928. Pero también vivió algún tiempo en otras poblaciones cercanas como Toulon, Aix-en-Provence o la propia Cassis.

Ahí halló el motivo de inspiración para varias de sus obras más fauvistas, empapándose de la fuerte luz y los salvajes colores del entorno y retratando como el pueblo de angostas calles se apiña sobre la ladera de Cap Canaille, como si todo el núcleo antiguo formase un graderío que contempla el mar y el embarcadero donde se amarran los pointus, pequeñas barcas de faena, de casco puntiagudo, pintado de vivaces tonos y con nombre de mujer.

Ese Cassis tan apacible pintó. Y ese Cassis tan apacible hoy en día se transforma en un hervidero de turistas durante julio y agosto, y aún así todavía es posible respirar la esencia marinera y tranquila del lugar. Porque Cassis tiene un je ne sais quoi que alía la típica elegancia francesa con el provincianismo del sur del país, lo más chauvinista con un amable acogida, el  esnobismo y la simpleza, una hermosura con aroma a sal y vino.

En definitiva, conocer Cassis nunca está de más, aunque sea en verano.

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http://www.maletadevuelta.blogspot.com/




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