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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

No Soy Sidney Poitier


Ésta es la segunda novela que se publica en España del autor americano Percival Everett, escritor afroamericano que comenzó su carrera literaria en los 80 y que hasta la fecha ha escrito más de veinte novelas con gran éxito en los USA. X (Blackie Books) fue la primera en llegar a nuestro mercado, y me apresuro a recomendarla vivamente. Su  delirante y paródica  mezcla del retrato de la vida perra en un barrio negro con el discurso teórico sobre la creación literaria alcanzaba cotas de delirio e inteligencia solo alcanzables por unos pocos autores.

No Soy Sidney Poitier (misma editorial) está a la misma altura de excelencia literaria pero es aún más divertida, paródica y deslenguada.

Este admirador de Mark Twain ha logrado un personaje que es a los negros lo que fue en su momento Ignatius J. Reilly  a los blancos: rompe con  todos los esquemas de lo que se supone llevar una vida de negro en los USA.

La madre del  protagonista de la novela, sin saber  el razonable parecido que podía alcanzar su hijo al hacerse adulto con el actor  del mismo nombre,  al nacer y después de un embarazo de dos años, en un acto de afirmación o de negación, que no lo tengo muy claro, decide bautizarlo como No Soy Sidney para, supongo, evitarle problemas y equivocaciones. (Acostumbrado durante años a tener un vecinito al que su madre le puso de nombre KevinKostner y de apellido Morales nada me llama la atención en cuestión de patronímicos). La buena mujer muere, y cosas de la ficción, el niño cae bajo la tutela del mismísimo Ted Turner que se ocupa de su educación y su futuro.

No Soy Sidney se convierte  así en un negro rico, con vida de rico y actos de rico entre los que se incluye la compra de una cadena de televisión.  Él no es consciente del color de su piel hasta que los demás empiezan a recordárselo. Le toca entonces lidiar con  un toro de afilados cuernos que a pesar de sus continuas fintas para evitarlo varias veces consigue cogerle y voltearle. Finalmente encontrará un burladero donde refugiarse y librarse de la fiera…

Con la brillantez de prosa que le caracteriza, el ingenio, las dosis justas de mala leche y el conocimiento de la sociedad yanqui, Everett logra una vez más  dar en la diana.

A continuación os dejo  una de las muchas perlas que he seleccionado de la novela. Esta vez lo que un policía de carretera le dice a un negro que acaba de detener por exceso de velocidad en Georgia:

“Bueno, pa empezá, por hablarle con descaro a un agente de la ley, que por aquí é lo mimmo que resistirse a un arresto. Luego tenemo exceso de velocidad y no haberte parao enseguida cuando he encendío la lú. Y luego está lo de ser un puto negro.

Pues eso…




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