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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

El bosque


El bosque es último y más ambicioso trabajo del director Óscar Aibar, conocido por el éxito de El gran Vázquez. En esta ocasión, Aibar se adentra en un terreno a la vez trillado y resbaladizo mezclando el drama histórico (los años de la pre-guerra civil) con el cine fantástico, en la línea de filmes como Insensibles o El laberinto del Fauno. Y arriesga bastante al poner como protagonistas a un joven fascista y a su mujer que se ocultan de las milicias anarquistas de una aldea de Tarragona, pero se topan con los fantasmas de su propio mundo envilecido bajo la forma de un lugar, un bosque frondoso iluminado misteriosamente en determinadas épocas del año.

La fuerza de un filme tan enrarecido y extravagante como El bosque reside en las interpretaciones de los siempre intensos Tom Sizemore, Alex Brendemühl y Maria Molins, encarnando a personajes que se encuentran y se enfrentan, se aman y se odian en un entorno social convulso marcado por la inminencia de la contienda. Sus grandes limitaciones están en una puesta en escena hábil y ajustada aunque algo pretenciosa y hasta cursi cuando se adentra —como el protagonista se oculta entre los árboles— por los senderos del thriller surrealista.

Aibar quiere contar un momento de nuestra historia desde un punto de vista insólito basándose en la novela La piel fría de Alberto Sánchez Piñol, autor también del intrincado guión que no acaba de convencer en su farragosa parte final. La aparición de monstruos y criaturas extrañas produce una sensación de desapego en contraste con el realismo con el que el autor describe el pueblo, el ambiente enrarecido y los encarnizados enfrentamientos entre sus habitantes. De nuevo cine catalán extraño y sugerente pero que se limita muchas veces, como ésta, más a un planteamiento agudo y un reparto ajustado que en una resolución brillante o un trabajo convincente. Así, no faltan los tópicos en la descripción gruesa del grupo anarquista ni la falta de vida en la relación entre los protagonistas. Un filme que al lado de, por ejemplo, Pan negro de Villaronga se queda en mero experimento o en reclamo para los seguidores del cine histórico con efectos especiales y toques sobrenaturales que pretenden describir, sin conseguirlo, el mundo interior de los seres humanos.

Que los árboles no te impidan ver…




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