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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Vivir la vida para poder contarla


«La literatura nunca podrá salvarnos. Tampoco la inocencia. La única cosa que puede lograrlo es la fe en el Amor, y la vuelta a la Gracia».

Estas palabras las escribió la mano temblorosa de Pier Vittorio Tondelli (1955-1991), ya al final de su corta vida y enfermo de sida, en una de las páginas de una traducción de La Primera carta a los Corintios, en la versión de G. Testori.

Se cumplen ahora diecisiete años de la muerte de este italiano, autor de culto en Italia y en medio mundo y que tan poca suerte ha tenido en el mercado español donde únicamente Anagrama publicó, en 1982, su novela Otros libertinos. Y han tenido que pasar todos estos años para que la editorial Barataria se haya fijado en su obra mayor, Habitaciones separadas, y nos la ofrezca en su tardía traducción al castellano.


La prosa de Tondelli, que escandalizó a Italia al principio de los ochenta con Otros libertinos, su primera obra, y por la que tanto él como su editor Feltrinelli sufrieron un proceso por escándalo público, vista desde nuestra perspectiva actual, está dotada de una enérgica vitalidad, y atravesada en su núcleo por la experiencia de una vida abierta a lo trascendente. Su experiencia literaria, que abrió la etapa posmodernista en la amodorrada Italia de los ochenta, inauguró un camino de expresión lleno de vivencias sensiblemente dramáticas.

La mirada que Tondelli lanza sobre el mundo que lo rodea es la de aquel que quiere vivir para comprender, y comprender para escribir sobre ello, unas veces con ironía, otras con pasión, las más con desencanto; mezcla de una mirada intimista e introspectiva a la manera de Isherwood con otra más agresiva y rompedora en la estela de Burroughs.

Tondelli, sin embargo, era una persona tímida, de tendencias introspectivas, con una fuerte vena místico-religiosa y un enorme deseo de discreción, propiciadas ambas por la educación religiosa recibida. Y de la noche a la mañana se vio convertido en un personaje escándalo, en el portavoz de una generación, destinado a cambiar los hábitos privados y la literatura. Justamente todo aquello en lo que no quería convertirse.


Habitaciones separadas, escrita en el 89, dos años antes de su muerte, fue vista por la crítica italiana de su tiempo como un cambio de registro en la forma de escribir de Tondelli, como su entrada en eso que llaman la madurez creativa, como una evolución en su estilo. Su autor la consideraba simplemente como la historia de un viaje dividido en tres movimientos concéntricos y contiguos al estilo de un libreto de opereta con música ambiental.

Sin embargo, este viaje de la memoria que nos lleva de una ciudad a otra de Europa, le sirve al autor para tratar cosas tan serias como el dolor y luto por la pérdida del compañero amado, la soledad que sufre a causa de esta amputación emocional; su forma particular de entender la religión; las difíciles relaciones familiares y con su región de origen; el amor y el desamor; la amistad. Materiales todos que conforman un tejido narrativo de gran calado psicológico en la creación de sus personajes y muy rico en recursos estilísticos, en una combinación casi perfecta del tempo narrativo y en el empleo de un lenguaje viscoso y fluido a partes iguales que crea un sonido propio que no es otro que el sonido de la Italia de los ochenta, trufado con las voces de Kerouac y Cohen y amenizado con el fondo nostálgico de la música de los Smith.


Habitaciones separadas es también una novela de adiós, de despedida, un cara a cara con la muerte que ya le rondaba y un fallido exorcismo de sus propios e íntimos demonios. Me pregunto en qué gran autor pudo haberse convertido de no haber muerto y si hubiera superado ese handicap expresivo de no aceptarse como lo que era: un escritor homosexual.

 

Habitaciones separadas
Pier Vittorio Tondelli
Ediciones Barataria




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