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El secreto de la invención

Daniel Tubau

El análisis premortem de Washington Irving Bishop


Mr. Bishop

danieltubau@gmail.com

Todo el mundo ha oído hablar del análisis postmortem, un trabajo de forenses que aparece una y otra vez en todo tipo de series de televisión y en novelas policiacas. Pero no son muchos los que conocen el análisis premortem.

No se trata, como puede parecer a primera vista, de una autopsia practicada a un vivo, aunque más de una vez tal cosa ha sucedido.

Dejadme que os cuente uno de los casos más curiosos, el de Washington Irving Bishop, que al parecer era nieto del justamente célebre narrador Washington Irving.


Cartel de promoción de Bishop

Bishop nació en 1856. Sus padres eran espiritistas practicantes, que transmitieron la afición de hablar con el más allá a su hijo. Sin embargo, tras unos años fingiendo que creía en la comunicación con los muertos, Bishop decidió denunciar públicamente algunos métodos de sus colegas, como la medium Anna Eva Fay. Un nuevo cambio se produjo años después, tal vez causado por necesidades económicas, cuando Bishop empezó a hacerse conocido por sus lecturas de las mentes ajenas, convirtiéndose en experto en lectura muscular, que consiste en vendarse los ojos y adivinar el pensamiento de otra persona tocando su mano.

Pero las actuaciones de Bishop a veces contaban con un espectacular ingrediente adicional, que no era responsabilidad suya, al menos no de manera consciente, porque ese aliciente extra consistía en que el médium caía en un trance que le hacía perder la conciencia y quedar como muerto en el escenario. Sin embargo, al cabo de un tiempo regresaba a la vida. Ese número, como he dicho, no estaba incluido en el espectáculo, sino que era causado por una enfermedad cataléptica que sufría Bishop. Para evitar que alguien creyera que estaba muerto, Bishop había avisado a sus allegados y llevaba siempre en la chaqueta un papel en el que se advertía de sus trances catalépticos.

El lector ya puede imaginar el desenlace de esta historia, aunque yo le daré los detalles. Sucedió un 12 de mayo de 1889 en el Lamb’s Club de Nueva York. Bishop realizó su espectáculo de lectura muscular y en un momento dado cayó al suelo como derribado por un rayo. Tras unos minutos, se recuperó del trance cataléptico y pudo continuar el espectáculo. Sin embargo, poco después sufrió otro ataque, y en este caso no llegó la recuperación. Aunque los cronistas que he consultado no lo cuentan, se supone que el público acabó por abandonar el club y que Bishop fue llevado a otro lugar, hasta que alguien decidió que aquel hombre estaba muerto. El asunto no habría sido grave si los doctores hubieran leído el dichoso papelito, en el que se decía que en ningún caso debía practicarse una autopsia al medium.

Cuando la mujer de Bishop acudió a la funeraria, descubrió que a su marido le había sido practicada una autopsia y que incluso se le había extraído el cerebro, que por alguna razón nunca explicada, había sido dejado dentro de su cavidad torácica. Según todos los indicios, cuando todo eso sucedió Bishop todavía estaba vivo.


Bishop definitivamente muerto

Así que el de Bishop fue una análisis premortem, aunque no tan terrible como el que leí en un comic de terror durante la adolescencia, en el que el cataléptico todavía tenía tiempo a despertarse justo en el instante en el que la sangre de su cuerpo era sustituida por cera o algún tipo de líquido fijador. También Hitchcock realizó un capítulo con un argumento similar para su serie de televisión. Como es obvio, la influencia detrás de estos relatos es Edgar Allan Poe y su cuento El entierro prematuro…


… una lectura de mi adolescencia que me llevó a dar a mis familiares y amigos la instrucción de que a mi muerte no me enterraran “hasta que oliera a putrefacción”, o bien, que me cortaran el dedo gordo de una mano, lo que, al parecer, puede mostrar que no estás definitivamente muerto. Incluso llegaron a entrevistarme en un programa de televisión dedicado a extravagantes últimas voluntades. No era de ese tipo de análisis premortem del que quería hablar, pero ya es demasiado tarde para hacerlo hoy, así que lo dejo para la próxima semana. Si la catalepsia o algo peor no me lo impide, claro.


Visita la web del autor:
www.danieltubau.com




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