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Maitines II

Jorge Dioni López

1.1 Tránsito intestinal


Pi, pi, pi, piiiiiii Son las diez de la mañana. ¿Todavía no has ido al baño? Toma Megafibra. Megafibra es el mejor producto para el tránsito intestinal. Para tomarlo disuelto en agua o en tu café o en tu zumo de naranja.

—O en el sol y sombra. ¿Los taxistas no pueden tomarlo?

La mujer se tapa la boca para reírse sin dejar al descubierto el engrudo que forma el salvado con el café con leche.

—Bueno, los taxistas se levantan con Federico, que es el mejor laxante.

El compuesto de salvado y café con leche se coloca en el disparadero pero, con una turbulencia respiratoria interna, la mujer consigue detener el proyectil. Sus mejillas se han hinchado hasta convertirse en mofletes; Jaime Losada, Presidente del Partido del Progreso Moderado, tiene ganas de saltar a pellizcarlos pero se contiene y elige regocijarse en el chiste.

—Oyendo la radio en España, si no te vas por abajo, lo harás por arriba.

La aparición de la amargura baja el entusiasmo de su mujer que, sin embargo, tarda un par de minutos en ingerir el bolo de salvado. Cuando tiene la boca libre, intenta volver al origen de la broma.

—Jaime, hace años que los taxistas ya no toman sol y sombra.
—Puede ser pero no lo sé y tú tampoco, Lita. No me dieron ningún informe sobre qué desayunan los españoles, ni siquiera antes de los debates. Seguro que el otro lo tenía en el libro blanco.   

La mujer desactiva las ondulaciones de su cara pero intenta mantener una sonrisa que sirva de pararrayos para la tristeza de su marido.

—Quizá he perdido las elecciones por no saber qué desayunan los taxistas
—Eso es mentira y lo sabes.
—Ya da igual. Déjalo.

La mujer termina el contenido del bol en cucharadas largas y profundas como las paletadas de una trainera. Su marido, que se ha acabado el cruasán examinando la clasificación, tiene que apartar las migas para comprobar el goal-average del Depor con Recreativo, Zaragoza, Murcia y Valladolid.

—Recreativo y Murcia.

Repite varias veces el nombre de los dos equipos que él espera que desciendan en lugar del Depor hasta que, ante la falta de respuesta, levanta la cabeza y siente que ella no le va a dejar que huya.

—No sé si me lo puedes pedir, Jaime.
—¿El qué?
—Que lo deje.
—Yo te lo puedo pedir y tú me puedes no hacer caso y podemos tener una colosal discusión como hace dos días pero no creo que sea lo mejor. Mira, Lita, Vamos a pensar en el futuro.
—Sabes que no quiero volver a discutir pero me molesta las cosas que te hacen, Jaime, no lo puedo evitar. ¿Has leído el editorial de Ramírez?
—No y tú tampoco deberías tomar laxantes sin hablar con el de la farmacia.

El regreso al chiste no logra llenar el vacío que ha dejado en el rostro de la mujer la fuga de todas las arrugas de expresión. No quiere sonreír, no puede torcer el gesto y no tiene claro cómo fruncir el ceño sin que su marido lo entienda como un ataque; no sabe qué músculos de la cara tiene que mover para que él entienda que está enfadada con todos, excepto con él. Decide volver la cabeza y usar palabras.

—Me duele lo que le pasa a mi familia.
—Si te metes en política es para que pase lo que suele pasar.
—Lo sé; que crees, ¿que no me acuerdo de lo del barco?
—Déjalo Julia, ya sabes lo que pienso.
—A mí no me hagas juegos con las suposiciones. Dicen que no tienes ganas de seguir.

No le ha salido. La mujer vuelve la cabeza con su peor fruncimiento de ceño. El hombre intenta sonreír pero, aún sin espejo, siente que tiene la misma cara simplona que se le quedaba en los debates de la campaña cuando su rival lo acosaba con cifras, titulares o regresos al pasado.

—Has perdido porque te han llevado al matadero.
—Julia, no empecemos, te digo.

La mujer se levanta y, tras dejar el bol en el fregadero con un poco de agua para que los restos de salvado no se peguen, se dirige a la radio y cambia el dial.

—No me pongas al enano. ¿Qué quieres?, ¿que me vaya por la pata abajo?
—Justo lo contrario, precisamente justo lo contrario, que no tengas un retortijón cada vez que se dirige a ti. ¿Sabes lo que ha dicho esta mañana?
—Te he dicho muchas veces lo que me interesa ese tipo.
—Pues el viernes no fuiste a verlo.
—Precisamente para fastidiarlo. Él esperaba tenerme en el estudio y que todas las teles le hicieran publicidad.

Julia sale de la cocina después de meter el bol en el lavavajillas y Losada vuelve a cambiar el dial a Onda Cero. Herrera sigue presentando los microespacios patrocinados que desembocarán en la tertulia; a la previsión del tiempo de patatín, sigue la noticia solidaria de patatán y el personaje del día de patatinpompán.

Justo cuando vuelve la publicidad, Julia regresa con el pelo recogido. Jaime se levanta y le da un abrazo que ella no responde. 

—Quieren que te vayas, Jaime, que digas adiós sin protestar.
—Vaya novedad. Soy el entrenador que ha perdido una Liga.
—Pero por muy poco.
—Pero ha pasado lo que ha pasado y hay mucha gente con ganas de ocupar la silla. Voy a hacer que el proceso sea lo más razonable posible para que no haya divisiones y tener un cargo curioso. Le he cogido gusto a lo de que me saluden por la calle y no quiero volver al registro.
—¿Te conformas con un cargo curioso?, ¿después de haber dado la cara por todas esas bobadas te conformas con un despacho cualquiera?
—Cualquiera, no; quiero un puesto en La Butxaca, como Fuensanta, o en Viajing, como Salvanella. Y no eran bobadas; los de la AVT se pasan pero hay que entenderlos
—Sabes que no hablo de ellos, sino de los otros. ¿Cómo puede ser que el apagafuegos del Gobierno Castilla se haya convertido en un incendiario?
—Ya te he dicho que no me parece razonable ponernos a discutir ahora.
—Los mismos que te dijeron que dieras caña a Catalunya te echan en cara que te haya ido mal allí; los mismos que te recomendaron fichar a Cortés de número dos te achacan que haya sido un fracaso; los mismos que te han llevado por donde ha querido no están contentos de dónde has llegado. 
—Mira, Julia, al fin y al cabo, es mi carrera política.   
—He salido en todas las portadas, he concedido entrevistas cuando prometí y me prometiste que no lo haría, he ido a todos los debates y ayer por la noche estuve allí arriba haciendo el paripé. 
—Te pedí permiso.
—Para pelear, no para entregarnos.

Herrera está entrevistando a Pepe Blanco. Jaime cambia de fm a am y de loud a bass antes de conseguir apagarla.

—No saben hablar pero me han ganado. 

Losada abandona la cocina dejando el vaso de zumo de naranja, la taza de café con leche y el Marca migado sobre la mesa. Cuando está en la puerta, regresa y deslava el vaso y la taza antes de coger el periódico sin levantar la vista del suelo. Cuando lo vuelve a abrir en su despacho, un trozo de la cobertura de cruasán se ha pegado en el resultado del Pontevedra. Va adelante y atrás en el diario hasta encontrar las crónicas del grupo I de Segunda B, donde tampoco encuentra lo que busca. Piensa en llamar un subdirector del Faro con el que suele hablar de fútbol pero le parece poco adecuado llamar a nadie el día después de perder las elecciones, cuando todo el mundo se estará preguntando qué va a hacer Losada. Enciende el ordenador y, cuando suena la musiquilla del sistema operativo, se acuerda de que el Pontevedra adelantó su partido al sábado. Podríamos haber ido, piensa, para lo que hicimos aquí. Debería haber votado por correo para promocionarlo.

Julia aparece en el despacho dando pasos largos sin descruzar los brazos. A Losada le recuerda a los bailes de los coros y danzas del ejército ruso pero se lo calla. La mujer se sienta delante de él.

—Lo siento.
—Lo entiendo.
—Fue muy duro verte ayer; ha sido muy duro todo.
—Lo sabíamos.
—Es verdad. Sabíamos que iba a ser duro pero no que iba a ser asqueroso. 
—Es la política. El que resiste gana pero se pudre.
—Tú no estás podrido; a pesar de todo lo que te han hecho. 
—Porque no he resistido. Vamos a entregar el fuerte al General Mendiburu y que me dejen en paz de una santa vez.
—No te reconozco.
—Nunca he sido un héroe.
—Eras alguien de quien sentirse orgullosa.

El hombre vuelve la cabeza al ordenador.

—Y quiero que vuelvas a serlo.

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