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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

André Gide vu par…


Ha sido un placer leer el libro que Luis A. de Villena, conocido de sobra como poeta, ensayista, novelista, crítico literario, traductor, etc., etc., ha escrito sobre una de las últimas “glorias nacionales de la cultura francesa”, André Gide (Cabaret Voltaire).

Villena, que es poseedor de una enorme y envidiable cultura y además, de un verbo frondoso y en absoluto plúmbeo, nos explica antes de empezar el libro que su estudio y homenaje a la figura del autor no pretende ser una biografía, para ello están las de Richard Ellmann o Paul Archanhault, sino una visión personalizada (contada de amenísima manera, me apresuro a adelantar) escrita en amplias y detalladas panorámicas, de la vida del gran novelista: sus comienzos, sus amistades, sus relaciones con otros escritores como Wilde, Mauriac, Valery, Proust por citar alguno de los grandes literatos de finales del XIX y el XX, que tienen su cameo de honor en la dilatada vida del autor de Les Norritures terrestres. Nos explica con detalle el paso lento pero decidido que le llevó a convertirse de “artista” en “intelectual”, el primero de todos (cuando este término no estaba tan devaluado como lo está en la actualidad), y su lucha personal para aceptar su condición de homosexual a través de la literatura con obras que son aún hoy son referentes, aunque alguno de sus postulados hayan quedado obsoletos.

Yo, como casi todos los españoles de mi época salvo cultas excepciones, llegamos tarde a una gran parte la obra de Gide (censurada por el régimen de Franco e incluida en el Índice de la Iglesia católica, era prácticamente inencontrable) pero el apetito era tan voraz que recuerdo haber devorado uno tras otro sus libros cuando mi francés adquirió la mayoría de edad suficiente para poder disfrutar de su lectura.

Pero sobre todo, en lo que Villena insiste es en presentarnos a Gide como un hombre comprometido con su ahora, fiel siempre a sí mismo; que pasó con dignidad por todas la etapas de su vida y en todas dejó su impronta; que fue un intelectual destacado en una época de grandes intelectuales y a pesar de su demonización, de la que estaba orgulloso, por el sector católico conservador de la cultura francesa logró ser considerado por todos , aún por sus más enconados detractores, uno de los mejores escritores, si no el mejor del siglo XX en Francia. Gide fue un artista que dudó de todo, que creyó en muchas cosas y se comprometió con ellas, pero supo siempre cuando se había equivocado y era necesario cambiar el rumbo. Por eso siempre se mantuvo lejos de etiquetas y ortodoxias y, por eso, también, su obra sigue interesando.




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