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Eva Orúe

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Virgencita, virgencita que me quede como estoy

¡Nos conformamos con tan poca cosa! El Gremi de Llibreters de Catalunya mostró en nota de prensa su satisfacción con el “balance económico y de ventas de Sant Jordi, que iguala el del año pasado”. 

Dos curiosidades sobre la reflexión oficial tras el 23 de abril. El Gremi:

1) Constata que "se ha notado un descenso de las ventas en las ciudades y territorios más castigados por la crisis y el paro”.

2) Reconoce que otro de los factores que condicionó el desarrollo de la jornada fue el partido del Barça, que hizo que las ventas se concentrarán por la mañana y a primera hora de la tarde.

Me pregunto qué hubiera pasado si el partido hubiera sido el día anterior y los culés deprimidos hubieran renunciado a los libros. Ay.

Guerra eterna

Hace ya algún tiempo, Manuel Gil propuso, en Antinomias libro, un debate sobre el precio fijo. “Tengo —escribió— la absoluta convicción de que el sistema de precio fijo en España presenta un fallo multiorgánico severo desde hace mucho tiempo”. Eso sin olvidar “el amplio abanico de prácticas desleales y vulneraciones” que se registran.

El debate se pospone una y otra vez, y como ocurre siempre que no se quiere afrontar la realidad, la realidad acaba imponiéndose y deja con las vergüenzas al aire a la legislación vigente.

De entrada, porque la propia ley (artículos 10 y 11) menciona tantas excepciones que el coladero queda abierto. Y ahora porque las prácticas de los gigantes que se instalan entre nosotros han revolucionado (matado, dirán otros) el sector.

Ejemplo: Amazon imponiendo usos novedosos, como ese cheque regalo de 5 euros sumado a la tradicional rebaja del 10% que ofreció en Sant Jordi dentro, se defienden ellos, de la más estricta legalidad.

“Se defienden”, digo porque saben que CEGAL, la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros, que reúne a 1.600 librerías en toda España, ha decidido presentar una “demanda contra la Compañía Amazón [la tilde está en el original], en relación con la campaña que con motivo del día del libro anuncian en su web para todo este mes de abril, y que creemos vulnera de manera clara la vigente Ley de la lectura, el libro y las bibliotecas”.

Así lo anunció su presidente, Juan Manuel Cruz Gálvez, en una carta dirigida al Secretario de Estado de Cultura  José María Lassalle a principios de abril. Y son reincidentes: el año pasado ya  presentaron una denuncia.

No son los únicos

No, los españoles no son los únicos libreros que ponen pegas a los modos y maneras del gigante estadounidense.

En Gran Bretaña, una pareja de libreros, Francis y Keith Smith, puso en marcha en change.org una petición para que Amazon pague más impuestos en el Reino Unido.

“We pay our taxes and so should Amazon!” Nosotros pagamos nuestros impuestos y lo mismo debería hacer Amazon: ése es su grito. La historia es conocida: cuando compras en Amazon (en este caso, Amazon UK) lo haces a través de una subsidiaria en Luxemburgo, y es ahí donde pagan (pocos) impuestos.

Según los cálculos de distintas instancias, si Amazon pagara en Reino Unido el impuesto de sociedades correspondiente a sus ventas en el Reino Unido, el tesoro británico ingresaría unos 100 millones de libras al año.

Su iniciativa ha recibido el respaldo de más de 150.000 personas, y ellos la han llevado al 10 de Downing Street. To be continued…

Ana Rosa, Susanna, Mariló…

Cada día que pasa estoy más convencida: las únicas que pueden hacer algo por el libro (en cualquier formato) son las reinonas de la mañana.

Que tomen buena nota (señora Quintana, ¿no es esta mujer la luz que alumbra su camino? de Oprah Winfrey, cuyo Club de Lectura mueve a las masas y no necesariamente entrevistando a autores facilitos: cuando quiso hablar con Cormac McCarthy se fue hasta Santa Fe para entrevistarlo en su ambiente.

Sin embargo aquí, ni por asomo. Ésta dice que por qué, ésa que su cadena pertenece a un grupo editorial y sólo hablo de lo nuestro, y aquélla que para qué. El caso es que ninguna se anima.

PD.- Cuando hablo de “hacer algo por el libro” no me refiero a escribir uno, como han hecho Màxim Huerta (Una tienda en París, MR Ediciones), Sandra Barneda (Reír al viento, Suma de letras) y Jorge Javier Vázquez (La vida iba en serio, Planeta).  Aunque, a la vista de las ventas (al menos, de los escritos por Màxim y Jorge Javier), igual me tengo que morder la lengua.

Las trampas de la memoria


El martes 21 de mayo, Luisgé Martín presentará en Madrid La misma ciudad (Anagrama), una novela corta que, dice él mismo aludiendo a la portada, “forma parte de mi universo literario dulce y sosegado”.

Al verla, pensé: ¡una portada repetida! Quienes me leen saben que es una de mis (inocuas) fijaciones. (Ver aquí, aquí o aquí.) 

Así que, feliz, me fui a buscar la portada de El hombre del salto, de Don DeLillo. Estaba segura, segurísima… pero no, la foto de la portada no tiene nada que ver. Ni en la edición española, ni en las de otras lenguas.

Sucede que en las noticias realizadas con motivo de la aparición del libro, la foto fue generosamente reproducida. De ahí (quizá) el despiste.


De hecho, si buscas en Google te das cuenta de que la industria editorial no ha recurrido a la famosa imagen.

¿O sí? Si encontráis una portada con esa foto, mandádmela, por favor. Aunque sólo sea para reivindicar mi maltrecha capacidad de recordar.




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